¿Existe algún punto de contacto entre la inmortal novela Drácula, de Bram Stoker, y el jazz? La respuesta, por raro que parezca, es afirmativa, por lo menos si nos atenemos al extraño disco de debut como líder que el batería Philly Joe Jones grabó en 1958 para Riverside bajo el título de Blues for Dracula. Y la relación entre el vampiro de Transilvania y el jazz no se queda solamente en esa curiosa portada en la que Drácula tiene en sus manos unas baquetas y toca la batería, sino que continúa una vez que ponemos la aguja sobre los surcos del álbum. Lo que escuchamos en un delirante monólogo del propio Jones en el que imita a Bela Lugosi y se presenta como "el vampiro del bebop". Pero una vez que termina esta pequeña locura, la música que contiene este disco es notable y nos presenta al batería en una formación de sexteto en la que brillan Nat Adderley (corneta), Julian Priester (trombón), Johnny Griffin (saxo tenor), Tommy Flanagan (piano) y Jimmy Garrison (contranajo). De Philly Joe Jones y este disco sazonado por el blues hablo en este vídeo que conforma la segunda entrega de mis Impresiones sobre Jazz.
Wednesday, June 30, 2021
IMPRESIONES SOBRE JAZZ, 2 - Blues for Dracula, de Philly Joe Jones
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Sunday, June 27, 2021
IMPRESIONES SOBRE JAZZ, 1 - Ike Quebec
Tras varios años de silencio, en los que por supuesto no he dejado de escuchar jazz, sino que esta música me ha seguido acompañando diariamente, y en los que me he dedicado sobre todo a crear contenido de diverso tipo para mi canal de YouTube, regreso hoy a Postales de Jazz precisamente dando inicio a una serie de vídeos que pueden encontrarse en dicho canal. Se trata de Impresiones sobre Jazz, cuyas entregas ofrecen un acercamiento crítico a algunos músicos de jazz de menor renombre pero que a mí me parecen imprescindibles. En cada vídeo, de alrededor de unos veinte minutos de duración, hablo acerca de la vida y la carrera de estos músicos y comento y recomiendo algunos de sus discos que considero de mayor interés.
La primera entrega de estas Impresiones se centra en Ike Quebec, un excelente saxofonista que en los años 60 grabó un puñado de magníficos discos para Blue Note como Blue and Sentimental (sobre el que ya he escrito en estas Postales de Jazz), It Might as Well Be Spring, Heavy Soul o Soul Samba. Espero que sea de su agrado esta nueva serie de vídeos que, a través de estas entradas, iré trayendo periódicamente a Postales de Jazz. Un saludo desde Tennessee y bienvenidos de nuevo al blog.
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Wednesday, August 8, 2018
Nancy Wilson - Yesterday's Love Songs, Today's Blues
Capitol, 1963
Resulta difícil escoger solamente un disco entre los muchos que la vocalista Nancy Wilson grabó para el sello Capitol, especialmente durante la década de los 60, pues álbumes como Something Wonderful son, como ya indica el título, una verdadera maravilla, por no hablar de sus colaboraciones con Hank Jones, Cannonball Adderley (éste es el que suele preferir la crítica) o George Shearing, que ponen el listón muy alto. Sin duda, uno de los más olvidados es Yesterday's Love Songs, Today's Blues, un magnífico trabajo junto al arreglista Gerald Wilson registrado en octubre de 1963, cuyo concepto básico es la confluencia de baladas de amor clásicas del Songbook americano y canciones algo más actuales teñidas de blues. Entre las primeras encontramos standards como "The Song Is You", "The Very Thought of You" o "Someone to Watch over Me"; entre las segundas se cuentan "Sufferin' with the Blues", "The Best Is Yet to Come" o "Send Me Yesterday".
A lo largo de todo el disco, la cantante de Chillicothe (Ohio) parece sentirse muy a gusto en ambos contextos, y los originales y a veces complejos arreglos de Gerald Wilson están construidos a su medida, siempre con el denominador común del swing, elemento del que se hace uso también en las canciones de amor, que en un principio deberían ser más lentas que los blues. Queda aquí patente la influencia de otras cantantes contemporáneas como Dinah Washington o Carmen MacRae sobre Wilson, que suena muy sugerente en "Satin Doll" (con la ayuda de un saxo tenor tocado por nada más y nada menos que Harold Land) y que resucita piezas a veces infravaloradas pero de indudable calidad, como el "All My Tomorrows" de Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, generalmente asociado con Frank Sinatra, o "Never Let Me Go", tema interpretado también magistralmente por Nat King Cole. Por momentos brillan en el álbum las trompetas de reputados músicos de sesión como Carmell Jones o Al Porcino, y Wilson se adentra incluso en el terreno del soul con una versión sorprendente del clásico de Percy Mayfield "Please Send Me Someone to Love" que unos seis años antes había grabado el gran pianista Red Garland en uno de sus mejores discos.
La reedición en CD de 1991, que es la que manejo, añade cinco temas extra que siguen más o menos la misma línea que los 12 del elepé y que también fueron arreglados por Gerald Wilson. Además de una versión de la navideña "What Are You Doing New Year's Eve" grabada en octubre de 1963, los otros cuatro cortes provienen de una sesión registrada en marzo del mismo año con el organista Wild Bill Davis y el guitarrista Joe Pass. Arropada por Davis, en esta sesión Wilson camina con decisión por un territorio bluesero, en especial en su excelente interpretación vocal del "West Coast Blues" de Wes Montgomery, y las cuatro canciones (una de ellas, "My Sweet Thing", de la autoría de la propia Nancy junto con Gerald Wilson y Teddy Edwards) no desmerecen del resto de las incluidas en el vinilo original. En su Biographical Guide, el crítico Will Friedwald—que firma, por cierto, las notas de la reedición de este disco en CD—ha escrito que en la mayor parte de los álbumes que editó con Capitol en la década de los 60, Nancy Wilson "va pasando de lo bueno a lo excelente", y que al menos media docena de ellos deben considerarse clásicos del jazz vocal. Suscribo sin reservas esta opinión de Friedwald, y no me cabe la menor duda de que este Yesterday's Love Songs... debe figurar entre esa media docena (¿no serán más, en realidad?) de discos imprescindibles de Wilson, una cantante que, entre otras cosas, se distingue por haber realizado colaboraciones con músicos de gran calibre en las que ha obtenido notables resultados artísticos.
Resulta difícil escoger solamente un disco entre los muchos que la vocalista Nancy Wilson grabó para el sello Capitol, especialmente durante la década de los 60, pues álbumes como Something Wonderful son, como ya indica el título, una verdadera maravilla, por no hablar de sus colaboraciones con Hank Jones, Cannonball Adderley (éste es el que suele preferir la crítica) o George Shearing, que ponen el listón muy alto. Sin duda, uno de los más olvidados es Yesterday's Love Songs, Today's Blues, un magnífico trabajo junto al arreglista Gerald Wilson registrado en octubre de 1963, cuyo concepto básico es la confluencia de baladas de amor clásicas del Songbook americano y canciones algo más actuales teñidas de blues. Entre las primeras encontramos standards como "The Song Is You", "The Very Thought of You" o "Someone to Watch over Me"; entre las segundas se cuentan "Sufferin' with the Blues", "The Best Is Yet to Come" o "Send Me Yesterday".
A lo largo de todo el disco, la cantante de Chillicothe (Ohio) parece sentirse muy a gusto en ambos contextos, y los originales y a veces complejos arreglos de Gerald Wilson están construidos a su medida, siempre con el denominador común del swing, elemento del que se hace uso también en las canciones de amor, que en un principio deberían ser más lentas que los blues. Queda aquí patente la influencia de otras cantantes contemporáneas como Dinah Washington o Carmen MacRae sobre Wilson, que suena muy sugerente en "Satin Doll" (con la ayuda de un saxo tenor tocado por nada más y nada menos que Harold Land) y que resucita piezas a veces infravaloradas pero de indudable calidad, como el "All My Tomorrows" de Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, generalmente asociado con Frank Sinatra, o "Never Let Me Go", tema interpretado también magistralmente por Nat King Cole. Por momentos brillan en el álbum las trompetas de reputados músicos de sesión como Carmell Jones o Al Porcino, y Wilson se adentra incluso en el terreno del soul con una versión sorprendente del clásico de Percy Mayfield "Please Send Me Someone to Love" que unos seis años antes había grabado el gran pianista Red Garland en uno de sus mejores discos.
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| El arreglista Gerald Wilson. |
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| El trompetista Carmell Jones. |
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Thursday, July 19, 2018
Woody Shaw - Tokyo '81
Tras una reciente mudanza a Jackson (Tennessee), regresa Postales de Jazz con esta reseña de un disco en directo del trompetista Woody Shaw publicado hace muy poco por el sello europeo Elemental Music. Agradezco a mi amigo Guy Jones el haberme anunciado la edición de este excelente álbum.
Elemental Music, 2018
Como su título, Tokyo '81, ya indica, este nuevo disco editado a la vez en CD y en vinilo por Elemental Music presenta un concierto grabado en la capital japonesa en 1981 en el que Woody Shaw aparece al frente de un quinteto de lujo junto a Steve Turre al trombón y a la percusión, Mulgrew Miller al piano, Stafford James al contrabajo y Tony Reedus a la batería. Shaw toca tanto la trompeta como el fliscorno, y el repertorio, en el que se dan cita cuatro composiciones del trompetista, una de Miller y el estándar "'Round Midnight" de Thelonious Monk, es tan atractivo como accesible pese a la complejidad y profundidad de algunas de las piezas.
El quinteto abre el concierto con una extensa versión del "Rosewood" de Shaw que supera los diez minutos y que va a marcar la pauta de lo que encontraremos en el disco: jazz al más puro estilo de Shaw con amplias oportunidades para que brille con luz propia no sólo el líder, sino también cada uno de los músicos participantes. Si con este primer corte intuimos que nos hallamos ante algo muy especial, dicha intuición se confirma con la maratoniana versión de "'Round Midnight", una verdadera joya de más de quince minutos que muestra la capacidad de invención de la banda, así como la impresionante riqueza de una composición de Monk ya tan interpretada que es muy difícil sacarle nuevas aristas como lo hacen aquí Shaw y los suyos. En manos de estos músicos, la pieza destila momentos suaves e intimistas que se conjugan con otros más acelerados y enérgicos, y los solos de Shaw, Miller y Turre son ejemplos perfectos de las inagotables ideas musicales del quinteto. En "Apex" se incrementa considerablemente el tempo, y esta composición de Mulgrew Miller, cuyo piano adquiere una enorme prominencia, inspira a Turre y, sobre todo, a Shaw para ir tejiendo solos desenfrenados y de intensa imaginación.
"From Moment to Moment" es una excelente balada de un Shaw a la vez melancólico y apasionado, bien arropado por la sección rítmica y con un memorable aunque breve solo en el que Turre explora los registros más graves del trombón. Sin duda, la más experimental—y también la más larga—de las piezas es "Song of Songs", compuesta por Shaw y con una introducción que contiene un diálogo disonante entre el piano y la trompeta que está envuelto en el sonido de los platillos de la batería de Reedus. Esta extensa revisión del tema que da título a un disco de Shaw de 1972 supera los dieciséis minutos y se revela como una de las interpretaciones más frescas del disco, en la que Shaw exprime al máximo las posibilidades expresivas de la melodía. Para terminar, el breve "Theme for Maxine" sirve como coda que permite al líder presentar a los miembros de la banda y poner punto y final a un concierto que no tiene desperdicio. Hay que agradecer efusivamente la recuperación de esta grabación inédita de Shaw—que en su versión en CD incluye "Sweet Love of Mine", un corte extra con una banda distinta registrado en La Haya en 1985—al sello europeo Elemental Music, que se autodefine como "un nuevo sello que se especializa en editar grabaciones de jazz de archivo descubiertas recientemente o que están descatalogadas". Esperemos que esta compañía continúe publicando con regularidad grabaciones de la calidad y del interés de este concierto de principios de los 80 de Shaw.
Elemental Music, 2018
Como su título, Tokyo '81, ya indica, este nuevo disco editado a la vez en CD y en vinilo por Elemental Music presenta un concierto grabado en la capital japonesa en 1981 en el que Woody Shaw aparece al frente de un quinteto de lujo junto a Steve Turre al trombón y a la percusión, Mulgrew Miller al piano, Stafford James al contrabajo y Tony Reedus a la batería. Shaw toca tanto la trompeta como el fliscorno, y el repertorio, en el que se dan cita cuatro composiciones del trompetista, una de Miller y el estándar "'Round Midnight" de Thelonious Monk, es tan atractivo como accesible pese a la complejidad y profundidad de algunas de las piezas.
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| Woody Shaw |
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| El pianista Mulgrew Miller |
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| El trombonista Steve Turre |
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Monday, May 14, 2018
El jazz de Fred Elizalde
Lo he dicho en más de una ocasión: en España se tiende a considerar, a menudo erróneamente, que los movimientos artísticos y culturales llegan siempre con retraso. Si bien en algunas ocasiones esto es cierto, en muchas otras no lo es. Tal es el caso del jazz, que arribó a territorio español, en particular a las ciudades de Madrid y Barcelona, prácticamente al mismo tiempo que a otras capitales europeas como París o Londres, hacia finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Es más, incluso en aquellos ya lejanos primeros años del jazz, España llegó a exportar talento jazzístico, por mucho que esto se ignore hoy en día. Y como ejemplo tenemos al gran—aunque en la actualidad notablemente olvidado—pianista, compositor y director de orquesta Fred Elizalde. Nacido en Manila en 1907, su verdadero nombre era Federico y sus padres eran españoles afincados en las Islas Filipinas. Desde muy tierna edad, Elizalde demostró aptitudes para la música, algo en lo cual su familia lo apoyó enviándolo al Real Conservatorio de Madrid. Pero ya desde muy joven quedó claro que iba a convertirse en un verdadero trotamundos, estudiando en Inglaterra y en los Estados Unidos, donde se enamoró del jazz y formó su primera orquesta tras estudiar nada más y nada menos que con el compositor suizo Ernest Bloch en la Universidad de Stanford.
Con esta banda obtuvo sus primeros éxitos en el Biltmore Hotel de Los Ángeles, pero pronto regresaría a Europa para estudiar derecho en Cambridge. Sin embargo, su principal interés seguía siendo la música, y no tardó en concentrarse en su faceta como jazzman, dirigiendo varias orquestas en cuyas filas se daban cita algunos de los mejores músicos ingleses y estadounidenses del momento (el legendario saxofonista Adrian Rollini era uno de ellos), tocando en el Savoy Hotel londinense y llegando a realizar una serie de grabaciones muy populares para sellos como Brunswick o Columbia. Su paso por el Savoy, donde se presentó con una de las mejores bandas que se prodigaron en el famoso hotel, estuvo envuelta en cierta polémica, pues algunos de los clientes más conservadores no apreciaron el estilo moderno de los arreglos de Elizalde, lo cual lo llevaría a rescindir el contrato. Pero revistas musicales de prestigio como el Melody Maker alabaron el sonido de la orquesta, y por fortuna, quedan los registros fonográficos como prueba de su calidad musical.
Tras algunos cambios en sus filas y alguna que otra gira por las Islas Británicas, la banda acabaría por disolverse en 1929, y a partir de entonces, Elizalde decidió consagrarse a la música clásica como compositor y director de orquesta, aunque también escribió música para algunas películas. Pasó gran parte de los años 30 entre Francia y España, donde mantuvo estrechas relaciones profesionales con nombres de la talla de Maurice Ravel, Manuel de Falla, Rafael Alberti y Federico García Lorca, a quien le unió una estrecha amistad. Curiosamente, durante la Guerra Civil Española, Elizalde se alistó en el bando nacional—probablemente otra de las razones de que hoy en día se encuentre tan injustamente olvidado—, pero no debía de ser muy afín a la ideología franquista, ya que poco después de concluido el conflicto abandonó España para ya no regresar más. A finales de la década de los 40, Elizalde volvió a las Islas Filipinas, donde continuó ligado a la música clásica creando una nada despreciable cantidad de obras, trabajando como director y llegando a participar en programas televisivos. En estos últimos años de su vida, Elizalde visitó Europa e incluso Japón antes de su fallecimiento en 1979.
Elizalde murió en un relativo anonimato: su nombre había sido olvidado por muchos, y muy pocos recordaban, por supuesto, sus grabaciones jazzísticas de finales de los años 20. Afortunadamente, una veintena de ellas—todas realizadas entre 1928 y 1929—están disponibles en un disco compacto titulado Fred Elizalde and His Anglo-American Band (Retrieval Records, 1997), que supone la mejor introducción al breve periplo de Elizalde por el jazz. El nombre de la orquesta, evidentemente, hace referencia al hecho de que se componía de una mezcla de músicos ingleses y estadounidenses, todos ellos de una extraordinaria calidad, como los trompetistas Chelsea Quealey y Norman Payne, el ya mencionado Adrian Rollini y su hermano, el saxofonista Arthur Rollini, que escribió lo siguiente sobre Elizalde en su autobiografía: "[Elizalde] tenía sólo veintitrés años, se había graduado en Cambridge y tocaba el piano de forma fantástica y era un arreglista brillante. La orquesta era verdaderamente excelente y se parecía a la gran orquesta de Paul Whiteman en los Estados Unidos". Los arreglos de Elizalde, efectivamente, suenan modernos y demuestran que el músico hispano-filipino comprendía a la perfección el lenguaje del jazz de la época. En algunos de los temas hace una de sus primeras apariciones fonográficas el gran cantante y guitarrista Al Bowlly, que se convertiría en una de las más grandes estrellas de las orquestas de baile británicas antes de su prematura muerte en 1941 en Londres durante un bombardeo alemán. En definitiva, pese a lo reducido de su legado discográfico jazzístico, Fred Elizalde es una figura que todo aficionado del buen jazz añejo debe conocer, y con esta breve semblanza espero contribuir modestamente, en lo posible, a rescatarlo de la oscuridad en la que se encuentra sumido en la actualidad.
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| El saxofonista Adrian Rollini |
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| El vocalista y guitarrista Al Bowlly |
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| El saxofonista Arthur Rollini, hermano de Adrian |
Elizalde murió en un relativo anonimato: su nombre había sido olvidado por muchos, y muy pocos recordaban, por supuesto, sus grabaciones jazzísticas de finales de los años 20. Afortunadamente, una veintena de ellas—todas realizadas entre 1928 y 1929—están disponibles en un disco compacto titulado Fred Elizalde and His Anglo-American Band (Retrieval Records, 1997), que supone la mejor introducción al breve periplo de Elizalde por el jazz. El nombre de la orquesta, evidentemente, hace referencia al hecho de que se componía de una mezcla de músicos ingleses y estadounidenses, todos ellos de una extraordinaria calidad, como los trompetistas Chelsea Quealey y Norman Payne, el ya mencionado Adrian Rollini y su hermano, el saxofonista Arthur Rollini, que escribió lo siguiente sobre Elizalde en su autobiografía: "[Elizalde] tenía sólo veintitrés años, se había graduado en Cambridge y tocaba el piano de forma fantástica y era un arreglista brillante. La orquesta era verdaderamente excelente y se parecía a la gran orquesta de Paul Whiteman en los Estados Unidos". Los arreglos de Elizalde, efectivamente, suenan modernos y demuestran que el músico hispano-filipino comprendía a la perfección el lenguaje del jazz de la época. En algunos de los temas hace una de sus primeras apariciones fonográficas el gran cantante y guitarrista Al Bowlly, que se convertiría en una de las más grandes estrellas de las orquestas de baile británicas antes de su prematura muerte en 1941 en Londres durante un bombardeo alemán. En definitiva, pese a lo reducido de su legado discográfico jazzístico, Fred Elizalde es una figura que todo aficionado del buen jazz añejo debe conocer, y con esta breve semblanza espero contribuir modestamente, en lo posible, a rescatarlo de la oscuridad en la que se encuentra sumido en la actualidad.
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Friday, March 30, 2018
Louis Armstrong Meets Oscar Peterson
Verve, 1957
Aunque su carrera discográfica se remonta a los años veinte, cuando realizó las legendarias series de grabaciones en grupos reducidos que hoy se conocen como Hot Fives y Hot Sevens, Louis Armstrong registró tantos y tan buenos discos en la década de los cincuenta que su colaboración con el pianista Oscar Peterson ha quedado un tanto olvidada, y de manera injusta. Los críticos suelen centrarse en obras maestras como los discos a dúo con Ella Fitzgerald, el excelente tributo al compositor W.C. Handy o el magnífico Louis Under the Stars, y pasan de puntillas por este encuentro en el estudio con el pianista canadiense, que se grabó en dos sesiones diferentes en julio y octubre de 1957. Y es una pena, porque la compenetración entre ambos es máxima, y Satchmo se encuentra muy a gusto desgranando una serie de standards muy bien elegidos para la ocasión. Resulta evidente que el trompetista explora con mayor insistencia sus capacidades vocales y en cierto modo la trompeta pasa a un segundo plano, lo que quizá haya contribuido a este sorprendente olvido por parte de la crítica, pero pese a todo, el resultado de la reunión musical entre Armstrong y Peterson es más que satisfactorio y merece escucharse con detenimiento y disfrutarse como la ocasión lo merece.
La formación que acompaña a Satchmo en estas sesiones es, en esencia, el trío de Peterson (Herb Ellis a la guitarra y Ray Brown al contrabajo) con el añadido rítmico del excelente batería Louis Bellson. Ya desde el principio, en "That Old Feeling", queda claro que habrá una preferencia por los tiempos medios, marcados por el swing pero no demasiado acelerados, tal como es el caso también en "I Was Doing All Right", "Just One of Those Things" y "Sweet Lorraine". Armstrong se nos aparece, además, como el verdadero líder en esta ocasión, cantando con una extraordinaria relajación, urdiendo solos que no son siempre tan breves como algunos han querido ver (fíjense en "Let's Do It" o "Moon Song") y demostrando en todo momento que se halla muy a gusto en este contexto musical. La versión teñida de blues del famoso "Blues in the Night" es uno de los puntos álgidos del disco, que contiene también baladas muy notables, como "How Long Has This Been Going On?" o "What's New?". Armstrong interpreta "There's No You" únicamente con el acompañamiento de la guitarra de Ellis, y el sublime resultado hace que uno se pregunte por qué Satchmo no grabaría un álbum completo al alimón con Ellis, pues habría sido una verdadera maravilla. "You Go to My Head", uno de los cortes más intimistas y suavemente melancólicos del elepé, es memorable porque Armstrong comienza con una delicada introducción a la trompeta antes de pasar a la parte vocal, algo que tal vez habría sido deseable en otros momentos del álbum. Por fortuna, la reedición en CD de 1997 incorpora cuatro temas que se quedaron fuera del disco original pero que resultan igualmente deliciosos. El productor Norman Granz se equivocaba en pocas ocasiones, y aquí acertó de pleno, facilitando la creación de un elepé injustamente olvidado que merece ser redescubierto y reevaluado más de sesenta años después de su grabación.
Aunque su carrera discográfica se remonta a los años veinte, cuando realizó las legendarias series de grabaciones en grupos reducidos que hoy se conocen como Hot Fives y Hot Sevens, Louis Armstrong registró tantos y tan buenos discos en la década de los cincuenta que su colaboración con el pianista Oscar Peterson ha quedado un tanto olvidada, y de manera injusta. Los críticos suelen centrarse en obras maestras como los discos a dúo con Ella Fitzgerald, el excelente tributo al compositor W.C. Handy o el magnífico Louis Under the Stars, y pasan de puntillas por este encuentro en el estudio con el pianista canadiense, que se grabó en dos sesiones diferentes en julio y octubre de 1957. Y es una pena, porque la compenetración entre ambos es máxima, y Satchmo se encuentra muy a gusto desgranando una serie de standards muy bien elegidos para la ocasión. Resulta evidente que el trompetista explora con mayor insistencia sus capacidades vocales y en cierto modo la trompeta pasa a un segundo plano, lo que quizá haya contribuido a este sorprendente olvido por parte de la crítica, pero pese a todo, el resultado de la reunión musical entre Armstrong y Peterson es más que satisfactorio y merece escucharse con detenimiento y disfrutarse como la ocasión lo merece.
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| El pianista Oscar Peterson |
La formación que acompaña a Satchmo en estas sesiones es, en esencia, el trío de Peterson (Herb Ellis a la guitarra y Ray Brown al contrabajo) con el añadido rítmico del excelente batería Louis Bellson. Ya desde el principio, en "That Old Feeling", queda claro que habrá una preferencia por los tiempos medios, marcados por el swing pero no demasiado acelerados, tal como es el caso también en "I Was Doing All Right", "Just One of Those Things" y "Sweet Lorraine". Armstrong se nos aparece, además, como el verdadero líder en esta ocasión, cantando con una extraordinaria relajación, urdiendo solos que no son siempre tan breves como algunos han querido ver (fíjense en "Let's Do It" o "Moon Song") y demostrando en todo momento que se halla muy a gusto en este contexto musical. La versión teñida de blues del famoso "Blues in the Night" es uno de los puntos álgidos del disco, que contiene también baladas muy notables, como "How Long Has This Been Going On?" o "What's New?". Armstrong interpreta "There's No You" únicamente con el acompañamiento de la guitarra de Ellis, y el sublime resultado hace que uno se pregunte por qué Satchmo no grabaría un álbum completo al alimón con Ellis, pues habría sido una verdadera maravilla. "You Go to My Head", uno de los cortes más intimistas y suavemente melancólicos del elepé, es memorable porque Armstrong comienza con una delicada introducción a la trompeta antes de pasar a la parte vocal, algo que tal vez habría sido deseable en otros momentos del álbum. Por fortuna, la reedición en CD de 1997 incorpora cuatro temas que se quedaron fuera del disco original pero que resultan igualmente deliciosos. El productor Norman Granz se equivocaba en pocas ocasiones, y aquí acertó de pleno, facilitando la creación de un elepé injustamente olvidado que merece ser redescubierto y reevaluado más de sesenta años después de su grabación.
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Wednesday, March 28, 2018
Frank Sinatra en 1957: Where Are You y Come Fly with Me
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| Frank Sinatra y Billy May en el estudio |
Durante los años en los que grabó para el sello Capitol, Frank Sinatra dio con la fórmula generadora de lo que se daría en llamar el álbum conceptual, a saber, una colección de canciones en principio no compuestas específicamente para el disco pero que, puestas una detrás de otra con sumo cuidado, crean una atmósfera determinada de una manera premeditada. Es más, durante la década de los 50 y principios de los 60, Sinatra produjo fundamentalmente dos tipos de álbumes conceptuales para Capitol: por un lado, discos introspectivos de baladas lentas, melancólicas e intimistas, como No One Cares u Only the Lonely; por otro lado, discos que ponían el acento en el swing, a tiempo medio o acelerado, como Songs for Swinging Lovers o A Swingin' Affair. En 1957, precisamente, La Voz se rodeó de dos arreglistas muy diferentes, Gordon Jenkins para las baladas más suaves y Billy May para el swing más desatado, y creó dos obras maestras, una de cada tipo: Where Are You y Come Fly with Me.
Para el primero de estos discos, Gordon Jenkins urdió una serie de maravillosos arreglos de cuerda de sabor otoñal que hacen hincapié en la melancolía de grandes temas como "Maybe You'll Be There", "Lonely Town" o "I Cover the Waterfront". La paleta de sonidos y emociones va desde la desesperación eminentemente autobiográfica por las dificultades amorosas ("I'm a Fool to Want You") hasta el recuerdo de un amor casi fantasmal y numinoso ("Laura"), pasando por el reflejo de la tristeza en el paisaje de otoño contemplado desde el alféizar de una ventana ("Autumn Leaves"). El resultado es un disco un tanto olvidado en el canon sinatrero, a todas luces injustamente si lo escuchamos con detenimiento.
El segundo de los elepés es un viaje en clave de swing por los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo: Nueva York, Londres, París, Hawaii, Brasil e incluso esa Birmania descrita por el poeta británico Rudyard Kipling en "On the Road to Mandalay". En este caso el tema que da título al disco fue creado especialmente para Sinatra por el dúo compositor formado por Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, y los arreglos de May, divertidos y desenfadados la mayor parte de las veces, como suele ser siempre el trabajo de este arreglista, le van como anillo al dedo a un Sinatra que se recorre el mundo de partitura en partitura con una maleta en la mano. Como no podía ser de otro modo, Come Fly with Me se convirtió en uno de los discos más populares de la discografía del de Hoboken, iniciando una serie de magníficos álbumes de título semejante, como Come Dance with Me o Come Swing with Me.
Recientemente, mi amigo Marcos Callau y yo grabamos un podcast en el que repasamos corte a corte esta colaboración entre Sinatra y May. Nos divertimos tanto charlando sobre el disco que hemos decidido iniciar una serie de podcasts en torno a la música y a la figura de Sinatra, que se titula Encuentros con Sinatra. En el primer episodio de la serie, desgranamos precisamente el elepé Where Are You. Ambos programas pueden escucharse íntegros aquí abajo, junto con las indispensables guías de escucha que Marcos ha publicado sobre cada disco en su blog. Espero que ambos podcasts interesen a los lectores de estas Postales de Jazz y que sirvan modestamente para descubrir o redescubrir estas obras maestras de la música del siglo XX.
Podcast sobre Come Fly with Me. La guía de escucha está disponible aquí.
Podcast sobre Where Are You (Encuentros con Sinatra # 1). La guía de escucha está disponible aquí.
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Monday, May 8, 2017
Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook
Este año se cumple el centenario del nacimiento de Ella Fitzgerald, que vino al mundo en Newport News (Virginia) en 1917, y el sello Verve celebra la efeméride con un CD cuádruple apropiadamente titulado 100 Songs for a Centennial, que es recomendable para quienes no tengan nada de la Fitzgerald en su colección y deseen adentrarse en su universo musical, siempre rico y muy valioso. Así pues, en estos momentos se está hablando bastante de Ella, y rara es la ocasión en la que críticos y periodistas no la comparan con su contemporánea Billie Holiday, cosa que no haremos aquí por parecernos que supondría comparar a dos cantantes de importancia histórica muy semejante pero de signo muy opuesto. Por lo que respecta a Fitzgerald, que es quien nos interesa en este instante, nos encontramos ante una vocalista dotada de una voz y una técnica prodigiosas, que bien podría haber interpretado ópera si así lo hubiese querido pero que, para el regocijo de todos los aficionados al jazz, prefirió dedicarse a cantar nuestra música. Claro que hizo incursiones en otros terrenos, como el pop, el blues, la música brasileña, el gospel e incluso el rock (esto último en pocas ocasiones, por fortuna), pero siempre que se ponía ante un micrófono, ya fuese al frente de una big band, una orquesta de cuerdas o un trío de jazz, le imprimía a todo lo que interpretaba un sello jazzístico muy personal.
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| Cole Porter |
Podríamos hablar de manera infinita sobre una carrera que inició en los años 30 como vocalista de la orquesta de Chick Webb, cuyas riendas tomó tras la prematura muerte del gran batería. Podríamos también comentar sus clásicas grabaciones para Decca, su colaboración en clave intimista con el pianista Ellis Larkins o sus excelentes discos de la etapa más madura de su singladura musical, en los 70 y 80, junto a grandes como Oscar Peterson o Joe Pass. Pero preferimos centrarnos en un proyecto que grabó en 1956 para Verve, bajo la dirección de Norman Granz, que supuso para mí, ya hace muchos años, la primera toma de contacto con su vasto legado discográfico. Nos referimos a Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook, el primero de los álbumes que, en las décadas de los 50 y 60, dedicó íntegramente a algunos de los mejores compositores del pop clásico estadounidense. Fitzgerald no fue la primera en grabar un songbook; ese mérito le corresponde a la hoy tristemente desconocida cantante de jazz Lee Wiley. Pero los álbumes de este tipo que Wiley grabó en los años 30 tuvieron una distribución bastante reducida y no disfrutaron del éxito de la colección de temas de Cole Porter que Fitzgerald registró en 1956, un éxito que la llevaría a continuar la serie, dedicando posteriormente discos a los hermanos Gershwin, Irving Berlin, Johnny Mercer, Duke Ellington o Count Basie, entre otros.
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| El arreglista Buddy Bregman |
Para este primer álbum de la serie, Granz encargó los arreglos al recientemente fallecido Buddy Bregman, un arreglista por entonces bastante joven que a veces es criticado por lo ruidoso de sus arreglos, que potencian a menudo el sonido de los metales. Esto ocurre, por ejemplo, en su colaboración con Bing Crosby, Bing Sings Whilst Bregman Swings (también editada por Verve), pero no demasiado en este songbook dedicado a Porter, que contiene arreglos que rezuman elegancia y mucho gusto. Esto, evidentemente, es algo absolutamente necesario cuando se trata de acompañar a una cantante de la talla de la Fitzgerald, que está en plena forma en este momento de su carrera. De hecho, las partituras de Bregman demuestran una innegable variedad: swing enérgico para los tempos más acelerados y cuerdas suaves pero nunca edulcoradas para las baladas. El repertorio incluye los clásicos de Porter que uno esperaría ("I Get a Kick Out of You", "Just One of Those Things", "I've Got You Under My Skin", "Anything Goes", "Night and Day") y las list songs o canciones basadas en enumeraciones de las que Porter era un maestro ("Let's Do It", "You're the Top"), pero la gran magnitud del proyecto permitió también que Fitzgerald incluyese algunas de las piezas menores del compositor, como "Do I Love You?" o "Ridin' High". La versión de "Miss Otis Regrets" sólo con piano y sin el resto de la orquesta es, a mi juicio, uno de los momentos cumbres del disco.
Si nos fijamos en los componentes de esta orquesta que acompañó a Ella en las diversas sesiones, encontraremos a la flor y nata de los músicos de jazz de la Costa Oesta, como Harry "Sweets" Edison, Pete Candoli, Maynard Ferguson, Herb Geller, Bud Shank, Bob Cooper, Barney Kessel y Alvin Stoller, por citar solamente a unos cuantos. Se trata de un contexto en el que Fitzgerald se sentía muy cómoda, y esto se nota fácilmente al escuchar el disco: su voz ataca cada canción de la manera adecuada, acentuando aquellos momentos que le interesa subrayar e interpretando a la perfección las letras y melodías sofisticadas y originales de Porter. Pese a tratarse de un songbook, éste es un álbum altamente recomendable como introducción al sonido de Fitzgerald. Por cierto, que la relación de Ella con la música de Porter no termina con este proyecto: siempre incluyó varias de sus composiciones en su repertorio para sus directos, y un par de décadas más tarde publicaría un nuevo disco (en Pablo Records, sello también propiedad de Granz) con temas de Porter, Dream Dancing, en el que contó con la colaboración nada menos que de Nelson Riddle. Son, es cierto, dos discos complementarios, pero reconozco que siempre he sentido una especial debilidad por el que ha sido protagonista de la presente postal.
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Saturday, March 18, 2017
Videocast de Postales de Jazz No. 4: Algunas adquisiciones navideñas
Con cierto retraso presento ahora este vídeo que grabé hace ya unos dos meses, y en el que repaso algunos discos de jazz que recibí como regalos navideños. Algunos de ellos son novedades, mientras que otros son simplemente títulos que faltaban en mi colección, incluyendo alguna que otra sorpresa desconocida para mí. Los discos comentados en el vídeo son los siguientes:
Jazz Composers Workshop, de Charles Mingus
Oscar Pettiford Sextet, de Oscar Pettiford
Ritmo Caliente / Más Ritmo Caliente, de Cal Tjader
Alive at the Village Gate, de Coleman Hawkins, Roy Eldridge y Johnny Hodges
My Hour of Need, de Dodo Greene
If I Could y More Than a Mood, de Stanley Turrentine
Hank & Frank, de Hank Jones y Frank Wess
Miles Davis at Newport 1953-73, de Miles Davis
Some Other Time, de Bill Evans
In Paris: The ORTF Recordings, de Larry Young
Los tres últimos son novedades de gran interés y altamente recomendables. Espero que disfrutéis el vídeo y que al menos algunas de estas recomendaciones despierten vuestro interés.
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Tuesday, December 20, 2016
Mattias Nilsson y Ray Aichinger - Silent Nights
European Jazz Records, 2015 (CD) / Fog Arts, 2016 (digital)
Al ir acercándose las fiestas navideñas, me llegan noticias desde Suecia de la reedición en formato de descarga digital por parte del nuevo sello Fog Arts de un disco publicado en CD el año pasado y titulado Silent Nights. Se trata de una colaboración entre el pianista sueco Mattias Nilsson y el saxofonista austríaco Ray Aichinger, siete temas que mezclan un par de standards con unos cuantos villancicos europeos y una pieza original compuesta por los dos protagonistas. Estos dos músicos llevan ya tiempo formando parte de la escena jazzística en Europa: Nilsson publicó este mismo año un disco que nos lo presenta en solitario al piano (Dreams of Belonging), mientras que Aichinger ha participado en varios proyectos, como líder y como acompañante, desde finales de la década de los noventa. Este disco de temática navideña del que hablamos hoy es la primera colaboración entre ambos, si bien han realizado varias giras juntos por diversos países europeos.
El álbum se abre con una versión verdaderamente lírica de "I'll Be Home for Christmas" en la que podemos escuchar ecos de los estilos de Lester Young y Ben Webster. El otro standard elegido es bastante más sorprendente: Nilsson y Aichinger reinventan "In the Wee Small Hours of the Morning", asociada de manera indeleble con Frank Sinatra, en un contexto navideño, explotando al máximo las posibilidades introspectivas de su melodía. "Stille Nacht, Heilige Nacht" es una delicada y pausada interpretación de la famosa "Noche de paz", mientras que los tres villancicos europeos ("Karl-Bertil Johanssons Julafton", "Macht hoch die Tür" y "Under Rönn och Syren") nos llevan por terrenos ya hollados por músicos como el sueco Jan Johansson y funcionan a la perfección como vehículos para el sonido intimista del dúo. Finalmente, el álbum se cierra con "Blue December", una atractiva composición original de Nilsson y Aichinger que figurará también en el nuevo disco conjunto de ambos, Peaceful in Dreams, que la discográfica European Jazz Records pone a la venta hoy mismo. Silent Nights es una reedición que aplaudimos y que contribuye a crear un ambiente cálido y diferente durante estas fiestas en el hogar de cualquier aficionado al jazz que decida acercarse a ella.
Al ir acercándose las fiestas navideñas, me llegan noticias desde Suecia de la reedición en formato de descarga digital por parte del nuevo sello Fog Arts de un disco publicado en CD el año pasado y titulado Silent Nights. Se trata de una colaboración entre el pianista sueco Mattias Nilsson y el saxofonista austríaco Ray Aichinger, siete temas que mezclan un par de standards con unos cuantos villancicos europeos y una pieza original compuesta por los dos protagonistas. Estos dos músicos llevan ya tiempo formando parte de la escena jazzística en Europa: Nilsson publicó este mismo año un disco que nos lo presenta en solitario al piano (Dreams of Belonging), mientras que Aichinger ha participado en varios proyectos, como líder y como acompañante, desde finales de la década de los noventa. Este disco de temática navideña del que hablamos hoy es la primera colaboración entre ambos, si bien han realizado varias giras juntos por diversos países europeos.
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| Ray Aichinger y Mattias Nilsson |
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Thursday, October 27, 2016
Videocast No. 3: Los singles de Arthur Gunter para Excello Records, 1954-61
De vez en cuando hablamos de blues en Postales de Jazz, pues el blues y el jazz son estilos que han estado siempre hermanados e íntimamente relacionados. En el vídeo que proponemos hoy se ofrece un somero repaso a la carrera de Arthur Gunter, un bluesman nacido en Nashville (Tennessee) en 1926 y hoy casi por completo olvidado, de no ser porque Elvis Presley grabó una versión de su "Baby Let's Play House". Cuando pensamos en Nashville, la Ciudad de la Música, normalmente la relacionamos con el country, pero es cierto que en esa capital sureña de la música ha existido siempre una muy arraigada tradición de música afroamericana (blues, rhythm and blues, gospel) de la cual no se suele hablar muy a menudo pero que resulta verdaderamente interesante. Gunter, que nunca fue capaz de revalidar el éxito de "Baby Let's Play House", se halla hoy en día en el olvido en parte debido a que sus grabaciones están descatalogadas en formato CD. Por ello, en este vídeo celebramos y comentamos la edición, por parte del sello británico Jasmine Records, de Baby Let's Play House: The Complete Excello Singles, un compacto que reúne los doce singles que Gunter grabó para esa discográfica nashvilliana y que—esperamos—sirva de carta de presentación para su música, en la que escuchamos ecos de Blind Boy Fuller, Big Bill Broonzy, Slim Harpo y Arthur "Big Boy" Crudup. Es un disco, sin duda, muy recomendable.
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| Arthur Gunter |
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Tuesday, October 11, 2016
Luis Russell y el swing
Aunque su fama fue breve, su influencia fue notable, pero hoy, varias décadas después de su muerte, víctima del cáncer en 1963, Luis Russell es un músico bastante oscuro en la historia del jazz, de ésos que merecen mucho más reconocimiento del que han recibido. Panameño de nacimiento—las enciclopedias del jazz nos informan de que vino al mundo en 1902—, Russell se inició en la música a muy temprana edad, y a instancias de su padre, que era precisamente profesor de música, aprendió a tocar la guitarra, el violín y el piano. Sus primeros años los pasó en su tierra natal, tocando donde podía y acompañando al piano películas mudas. Pero su historia se vuelve un tanto pintoresca hacia 1919, cuando gana tres mil dólares de los de entonces jugando a la lotería y decide emplearlos en mudarse a los Estados Unidos, concretamente a Nueva Orleáns, donde pronto entrará en contacto con la vibrante escena musical de la ciudad en aquellos momentos. En 1925 se muda a Chicago, y allí se convertirá en el pianista de la reputada orquesta de King Oliver, con quien viajará a Nueva York para establecerse en la Gran Manzana y, poco después, formar su propia banda para tocar en el Nest Club. El momento de mayor apogeo de su carrera llega en 1929, el año del crack en Wall Street, cuando lidera una orquesta que incluye, entre otros, a excelentes músicos como el trombonista J.C. Higginbotham, el trompetista Henry "Red" Allen, el contrabajista Pops Foster o el batería Paul Barbarin.
Los arreglos de Russell destacaban por ser siempre imaginativos y por el aire de modernidad con que les imbuía su artífice, lo cual ha llevado a varios críticos a considerar algunas de sus grabaciones de finales de los 20 y principios de los 30 como precursoras del swing que pronto triunfaría a lo largo y ancho del país. Louis Armstrong, a quien unía una gran amistad con Russell, aseguró en una ocasión que la banda del panameño era "sin duda, uno de los mejores conjuntos de músicos de swing que se pueden encontrar". Y Satchmo, claro, sabía de lo que hablaba, pues durante la década de los 30, cuando su carrera empezaba a tomar impulso, utilizó la orquesta de Russell como grupo de acompañamiento en grabaciones, programas de radio y giras, y a partir de 1935 acabó adueñándose de la banda y contratando a Russell como arreglista y director musical. Como resultado, el pianista dejó de actuar como líder a partir de 1934 y no volvería a ejercer como director hasta mediados de los años 40, aunque ya con un éxito mucho menor. En 1948, Russell abandonó definitivamente el mundo de la música, dedicándose a partir de entonces a otros negocios y abriendo primero una tienda de caramelos y después una de juguetes.
Russell falleció en Nueva York en diciembre de 1963, no sin antes visitar, en 1959, su Panamá natal para ofrecer, al parecer, un concierto de música clásica. Además de como arreglista, Russell destacó también como compositor, y a él debemos temas de la talla de "Back O'Town Blues" (que se incluyó durante años en el repertorio que Louis Armstrong interpretaba en sus conciertos), "Slow as Molasses" o "Sad Lover Blues". Varios de ellos, así como el que usaba como sintonía para su banda, "The Call of the Freaks", están hábilmente teñidos de blues y son, como ya se ha dicho, magníficos ejemplos primerizos de swing. Las grabaciones de Luis Russell se han reeditado en CD, generalmente en ediciones que han corrido a cargo de sellos europeos y que no siempre son fáciles de conseguir. Por ejemplo, la discográfica ASV/Living Era publicó las recopilaciones Saratoga Shout y Luis & Louis (esta segunda documenta las colaboraciones con Satchmo), pero actualmente se encuentran descatalogadas. La mejor opción, si bien un tanto costosa, es el doble compacto The Luis Russell Story (Retrieval), que contiene grabaciones realizadas entre 1929 y 1934, más o menos el mismo período que cubren los dos volúmenes de The Chronological Luis Russell and His Orchestra (Classics Records). Sea cual sea la opción elegida para hacerse con la obra de Russell, el pianista panameño es uno de esos jazzmen pioneros que conviene redescubrir y disfrutar.
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| J.C. Higginbotham, Henry "Red" Allen, Luis Russell y Paul Barbarin en Chicago, 1942 |
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| Luis Russell y Louis Armstrong |
Russell falleció en Nueva York en diciembre de 1963, no sin antes visitar, en 1959, su Panamá natal para ofrecer, al parecer, un concierto de música clásica. Además de como arreglista, Russell destacó también como compositor, y a él debemos temas de la talla de "Back O'Town Blues" (que se incluyó durante años en el repertorio que Louis Armstrong interpretaba en sus conciertos), "Slow as Molasses" o "Sad Lover Blues". Varios de ellos, así como el que usaba como sintonía para su banda, "The Call of the Freaks", están hábilmente teñidos de blues y son, como ya se ha dicho, magníficos ejemplos primerizos de swing. Las grabaciones de Luis Russell se han reeditado en CD, generalmente en ediciones que han corrido a cargo de sellos europeos y que no siempre son fáciles de conseguir. Por ejemplo, la discográfica ASV/Living Era publicó las recopilaciones Saratoga Shout y Luis & Louis (esta segunda documenta las colaboraciones con Satchmo), pero actualmente se encuentran descatalogadas. La mejor opción, si bien un tanto costosa, es el doble compacto The Luis Russell Story (Retrieval), que contiene grabaciones realizadas entre 1929 y 1934, más o menos el mismo período que cubren los dos volúmenes de The Chronological Luis Russell and His Orchestra (Classics Records). Sea cual sea la opción elegida para hacerse con la obra de Russell, el pianista panameño es uno de esos jazzmen pioneros que conviene redescubrir y disfrutar.
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Friday, September 30, 2016
Postales de Jazz - Videocast No. 2 : Herbie Nichols
En este segundo vídeo ofrezco una sucinta visión panorámica de la vida y de la carrera del pianista y compositor de jazz Herbie Nichols, uno de esos músicos adelantados a su tiempo y que, precisamente por ello, no gozaron en vida del reconocimiento que merecían. De hecho, Nichols se pasó la mayor parte de su carrera tocando dixieland, un estilo más tradicional que le interesaba mucho menos que el bebop más progresivo que podemos escuchar en los pocos discos que grabó para Blue Note o Bethlehem. Además, solía formar parte de bandas lideradas por músicos de talento mucho menor que el suyo, aunque es cierto que ocasionalmente llegó a dirigir sus propios grupos y a colaborar con grandes jazzmen como J.J. Johnson, Gene Ammons, Sonny Stitt o Lucky Thompson. Una buena fuente de información en inglés, que menciono en el vídeo, es el libro de A.B. Spellman Four Lives in the Bebop Business, que incluye un capítulo entero dedicado a Nichols. Los discos de los que hablo en el vídeo son el triple CD The Complete Blue Note Recordings (publicado en 1997 y nada fácil de conseguir), que contiene todas las sesiones que Nichols grabó para Blue Note en 1956, y Love, Gloom, Cash, Love, el único álbum que registró para Bethlehem en 1957.
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| Herbie Nichols |
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Tuesday, September 13, 2016
Howard Roberts - Good Pickin's
Verve, 1959
Si en el vídeo que publiqué en la entrada anterior hablábamos de Dempsey Wright, toca hoy abordar brevemente la carrera de otro guitarrista, que fue, además, contemporáneo de Wright y que, como él, no es demasiado conocido en la actualidad. Me refiero a Howard Roberts, un magnífico jazzman que se pasó la mayor parte de su carrera desviándose por otros derroteros que no tenían nada que ver con el jazz. Así, como músico de sesión, participó en éxitos del pop-rock de los años 50, como "Sittin' in the Balcony" de Eddie Cochran o "Endless Sleep" de Jody Reynolds, y su guitarra suena en las sintonías de programas de televisión legendarios como Bonanza, The Twilight Zone, Peter Gunn o Misión imposible. Vamos, un ejemplo perfecto de un músico que se veía obligado a interpretar diversos estilos musicales con objeto de llegar a fin de mes. Nacido en Phoenix (Arizona) en 1929, Roberts se interesó por la guitarra a muy temprana edad, y tras mudarse a Los Ángeles en 1950, se hizo un hueco en la escena del jazz de la Costa Oeste de la época, colaborando con grandes nombres como Bobby Troup, Neal Hefti, Chico Hamilton, Henry Mancini o el guitarrista Barney Kessel, que se convertiría en una influencia importante. En los años 60 pasó a formar parte del grupo de músicos de sesión conocidos como The Wrecking Crew, y fue entonces cuando su actividad en los estudios de grabación se intensificó, si bien en la mayor parte de los casos su trabajo no estaba relacionado de manera directa con el jazz. Se interesó también por la enseñanza musical, escribiendo columnas para pubicaciones especializadas y dando clases a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Por desgracia, un cáncer se lo llevó en 1992, cuando vivía en Seattle, acabando así con la carrera de un hombre cuya actividad musical fue verdaderamente febril durante décadas.
La discografía jazzística de Roberts no es, como ya se ha dicho, demasiado prolífica; eso sí, casi todo lo que grabó dentro del jazz tiene un indudable interés, en especial los dos discos que registró para Verve en la década de los 50: Mr. Roberts Plays Guitar y Good Pickin's. El segundo, grabado en 1959, es el que aquí nos ocupa, una sesión en la que la guitarra de Roberts está arropada por Pete Jolly al piano, Red Mitchell al contrabajo, Stan Levey a la batería y Bill Holman al saxo tenor (Holman se encarga también de los arreglos, junto con el gran Marty Paich). Es decir, el quinteto está formado por la flor y nata de los músicos del cool jazz de la Costa Oeste, y por supuesto, no defraudan en absoluto. El repertorio está elegido con ojo clínico: standards del calibre de "Easy Living", "The More I See You", "All the Things You Are" o "Between the Devil and the Deep Blue Sea", mezclados con temas menos conocidos como el "Will You Still Be Mine" de Matt Dennis, e incluso incursiones en el bebop de la mano de Charlie Parker y su "Relaxin' at Camarillo". Los arreglos funcionan a la perfección, asegurándose de que Roberts lleve la batuta, pero permitiendo también que los demás músicos—sobre todo Holman y Jolly—disfruten de espacio para contribuir solos de enorme interés. En baladas como "Easy Living", y sobre todo, "Lover Man", Roberts explora su lado más lírico y sensual, y el álbum se cierra precisamente con una pieza compuesta por el guitarrista ("Terpsichore"), una melodía sencilla en clave de blues que se convierte en vehículo para el lucimiento de toda la banda. En definitiva, un elepé poco conocido pero altamente recomendable, que nos hace desear que Roberts hubiese grabado menos música comercial y se hubiese dedicado más al jazz. Sus discos para Verve y el que grabó para el sello Concord casi veinte años más tarde, The Real Howard Roberts, constituyen buenos ejemplos de su buen hacer dentro del universo jazzístico.
Si en el vídeo que publiqué en la entrada anterior hablábamos de Dempsey Wright, toca hoy abordar brevemente la carrera de otro guitarrista, que fue, además, contemporáneo de Wright y que, como él, no es demasiado conocido en la actualidad. Me refiero a Howard Roberts, un magnífico jazzman que se pasó la mayor parte de su carrera desviándose por otros derroteros que no tenían nada que ver con el jazz. Así, como músico de sesión, participó en éxitos del pop-rock de los años 50, como "Sittin' in the Balcony" de Eddie Cochran o "Endless Sleep" de Jody Reynolds, y su guitarra suena en las sintonías de programas de televisión legendarios como Bonanza, The Twilight Zone, Peter Gunn o Misión imposible. Vamos, un ejemplo perfecto de un músico que se veía obligado a interpretar diversos estilos musicales con objeto de llegar a fin de mes. Nacido en Phoenix (Arizona) en 1929, Roberts se interesó por la guitarra a muy temprana edad, y tras mudarse a Los Ángeles en 1950, se hizo un hueco en la escena del jazz de la Costa Oeste de la época, colaborando con grandes nombres como Bobby Troup, Neal Hefti, Chico Hamilton, Henry Mancini o el guitarrista Barney Kessel, que se convertiría en una influencia importante. En los años 60 pasó a formar parte del grupo de músicos de sesión conocidos como The Wrecking Crew, y fue entonces cuando su actividad en los estudios de grabación se intensificó, si bien en la mayor parte de los casos su trabajo no estaba relacionado de manera directa con el jazz. Se interesó también por la enseñanza musical, escribiendo columnas para pubicaciones especializadas y dando clases a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Por desgracia, un cáncer se lo llevó en 1992, cuando vivía en Seattle, acabando así con la carrera de un hombre cuya actividad musical fue verdaderamente febril durante décadas.
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| Howard Roberts |
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Stan Levey
Saturday, August 27, 2016
Postales de Jazz - Videocast No. 1 : Bobby Hutcherson, Toots Thielemans, Dempsey Wright, Red Norvo
Llevaba un tiempo sin publicar nada en este blog, aunque sí he continuado mi actividad en mi página sobre jazz en inglés, Jazz Flashes. Pero esta semana he tenido tiempo para poner en práctica una idea que un par de amigos me han sugerido: la creación de un videocast sobre jazz en español. La primera entrega es ésta que podéis ver aquí arriba, un breve vídeo de poco más de un cuarto de hora, en el que repasamos a vuelapluma las carreras de los recientemente fallecidos Bobby Hutcherson y Toots Thielemans. Los discos de Hutcherson que menciono son Dialogue (1965), Happenings (1966) y Total Eclipse (1968), y el de Thielemans que comento es Man Bites Harmonica (1958). Además, recomiendo dos discos poco conocidos de finales de los años 50: The Wright Approach, del guitarrista Dempsey Wright y Red Plays the Blues, del vibrafonista Red Norvo. Espero que os guste, y si es así, pensaré en crear otros vídeos similares en un futuro.
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| Bobby Hutcherson (1941-2016) |
Thursday, January 21, 2016
Archie Shepp & Horace Parlan - Trouble in Mind
Iniciamos el nuevo año comentando un disco excepcional a la vez que inusual en las carreras de sus protagonistas: una colaboración entre el saxofonista Archie Shepp y el pianista Horace Parlan grabada en Europa a finales de los años 70, y con el blues como motivo principal.
SteepleChase, 1980
Durante la década de los 60, el saxofonista Archie Shepp (nacido en Fort Lauderdale, en el estado de Florida en 1937) pululó a sus anchas por las vanguardias del jazz, distinguiéndose por grabar discos rompedores y originales como Four for Trane (1964), Fire Music (1965), New Thing at Newport (1965) o The Magic of Ju-Ju (1967), entre muchos otros, que fueron abriendo las puertas a la nueva tendencia que se conocería con el nombre de free jazz. A medida que avanzaba la década, Shepp continuó interesado en la experimentación, llegando a incluir poesía declamada en sus elepés y creando una música cada vez más influida por los ritmos africanos, que solía ir más allá de lo artístico para convertirse en un explícito manifiesto de tipo político y social, una protesta en forma de música ante la opresión, la injusticia y la discriminación. Apreciamos esto, por ejemplo, en álbumes como Kwanza (1969), Poem for Malcolm (1969), Yasmina, a Black Woman (1969) o Attica Blues (1972), el último de los cuales está inspirado explícitamente en las revueltas que tuvieron lugar en la prisión de Attica State.
Hacia la mitad de los años 70, Shepp fue difuminando paulatinamente este lado combativo de su música. pero jamás dejando atrás su interés por los ritmos africanos, que consideraba fundamentales en la formación de su sonido, así como parte esencial del ADN de la música negra en general. Por esta época, Shepp comenzó a viajar frecuentemente a Europa, tocando en diversos países europeos y realizando grabaciones para discográficas del Viejo Continente. Entre estos proyectos, dos de los más interesantes son los dos dúos que registró en Dinamarca junto al pianista Horace Parlan y que fueron publicados por el sello SteepleChase. El primero de estos discos, Goin' Home, vio la luz en 1977 y contiene una serie de reinterpretaciones de temas gospel y espirituales negros como "Amazing Grace", "Nobody Knows the Troubles I've Seen," "Sometimes I Feel Like a Motherless Child" y "Swing Low, Sweet Chariot", ejecutados con una emotiva reverencia por los dos músicos, que recrean las melodías a su antojo pero poniendo énfasis en el sentimiento que cada nota desprende. Se trata de un disco altamente recomendable que merece ser tratado con mayor profundidad en otra ocasión.
Pese a la división de opiniones que caracterizó a la recepción crítica del álbum, sin duda tanto Shepp como Parlan quedaron satisfechos con el resultado artístico de esta exploración de la música religiosa, pues tan sólo tres años después, en 1980, se reunieron de nuevo para grabar otro disco juntos, que es el que nos interesa aquí. Titulado Trouble in Mind, este nuevo trabajo se centra en la música secular afroamericana, particularnente en el blues tradicional y en lo que en los años 20 se dio en llamar "blues clásico", cultivado por Bessie Smith o Ma Rainey, entre otras grandes figuras del género. Precisamente un tema ligado a Bessie Smith, "Backwater Blues", da inicio al disco, y desde un primer momento resulta ya evidente que la compenetración entre piano y saxo—que en algunos casos será soprano y en otros tenor—es total y que nos encontramos ante un disco muy especial. Parlan lleva la manija del ritmo en todas las piezas, mientras que Shepp utiliza la melodía de cada una de ellas como excusa para improvisar con enorme reverencia y delicadeza, creando algo nuevo sobre la base de algo clásico. Así ocurre con composiciones de W.C. Handy ("Careless Love"), Leroy Carr ("How Long Blues") o Earl Hines (el fabuloso "Blues in Thirds"), así como con los blues de origen tradicional que conforman la mayor parte de la segunda cara del elepé, entre ellos temas tan conocidos como "See See Rider" o "Make Me a Pallet on the Floor", y que Shepp transforma sutilmente, casi siempre a ritmo pausado y melancólico. Dos puntos álgidos de un disco absolutamente redondo son "Trouble in Mind", que da título al proyecto y, por supuesto, la versión de "St. James Infirmary", caracterizada por un aire fúnebre verdaderamente apropiado. En definitiva, nos hallamos ante un disco (un par de discos, si añadimos Goin' Home a la lista) único en la carrera de Shepp y Parlan, un álbum que supone una radiografía jazzística de la íntima relación entre blues y jazz y un regreso y un homenaje a las raíces estilísticas de ambos músicos.
SteepleChase, 1980
Durante la década de los 60, el saxofonista Archie Shepp (nacido en Fort Lauderdale, en el estado de Florida en 1937) pululó a sus anchas por las vanguardias del jazz, distinguiéndose por grabar discos rompedores y originales como Four for Trane (1964), Fire Music (1965), New Thing at Newport (1965) o The Magic of Ju-Ju (1967), entre muchos otros, que fueron abriendo las puertas a la nueva tendencia que se conocería con el nombre de free jazz. A medida que avanzaba la década, Shepp continuó interesado en la experimentación, llegando a incluir poesía declamada en sus elepés y creando una música cada vez más influida por los ritmos africanos, que solía ir más allá de lo artístico para convertirse en un explícito manifiesto de tipo político y social, una protesta en forma de música ante la opresión, la injusticia y la discriminación. Apreciamos esto, por ejemplo, en álbumes como Kwanza (1969), Poem for Malcolm (1969), Yasmina, a Black Woman (1969) o Attica Blues (1972), el último de los cuales está inspirado explícitamente en las revueltas que tuvieron lugar en la prisión de Attica State.
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| Horace Parlan |
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| Archie Shepp |
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