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Friday, March 30, 2018

Louis Armstrong Meets Oscar Peterson

Verve, 1957

Aunque su carrera discográfica se remonta a los años veinte, cuando realizó las legendarias series de grabaciones en grupos reducidos que hoy se conocen como Hot Fives y Hot Sevens, Louis Armstrong registró tantos y tan buenos discos en la década de los cincuenta que su colaboración con el pianista Oscar Peterson ha quedado un tanto olvidada, y de manera injusta. Los críticos suelen centrarse en obras maestras como los discos a dúo con Ella Fitzgerald, el excelente tributo al compositor W.C. Handy o el magnífico Louis Under the Stars, y pasan de puntillas por este encuentro en el estudio con el pianista canadiense, que se grabó en dos sesiones diferentes en julio y octubre de 1957. Y es una pena, porque la compenetración entre ambos es máxima, y Satchmo se encuentra muy a gusto desgranando una serie de standards muy bien elegidos para la ocasión. Resulta evidente que el trompetista explora con mayor insistencia sus capacidades vocales y en cierto modo la trompeta pasa a un segundo plano, lo que quizá haya contribuido a este sorprendente olvido por parte de la crítica, pero pese a todo, el resultado de la reunión musical entre Armstrong y Peterson es más que satisfactorio y merece escucharse con detenimiento y disfrutarse como la ocasión lo merece.

El pianista Oscar Peterson

La formación que acompaña a Satchmo en estas sesiones es, en esencia, el trío de Peterson (Herb Ellis a la guitarra y Ray Brown al contrabajo) con el añadido rítmico del excelente batería Louis Bellson. Ya desde el principio, en "That Old Feeling", queda claro que habrá una preferencia por los tiempos medios, marcados por el swing pero no demasiado acelerados, tal como es el caso también en "I Was Doing All Right", "Just One of Those Things" y "Sweet Lorraine". Armstrong se nos aparece, además, como el verdadero líder en esta ocasión, cantando con una extraordinaria relajación, urdiendo solos que no son siempre tan breves como algunos han querido ver (fíjense en "Let's Do It" o "Moon Song") y demostrando en todo momento que se halla muy a gusto en este contexto musical. La versión teñida de blues del famoso "Blues in the Night" es uno de los puntos álgidos del disco, que contiene también baladas muy notables, como "How Long Has This Been Going On?" o "What's New?". Armstrong interpreta "There's No You" únicamente con el acompañamiento de la guitarra de Ellis, y el sublime resultado hace que uno se pregunte por qué Satchmo no grabaría un álbum completo al alimón con Ellis, pues habría sido una verdadera maravilla. "You Go to My Head", uno de los cortes más intimistas y suavemente melancólicos del elepé, es memorable porque Armstrong comienza con una delicada introducción a la trompeta antes de pasar a la parte vocal, algo que tal vez habría sido deseable en otros momentos del álbum. Por fortuna, la reedición en CD de 1997 incorpora cuatro temas que se quedaron fuera del disco original pero que resultan igualmente deliciosos. El productor Norman Granz se equivocaba en pocas ocasiones, y aquí acertó de pleno, facilitando la creación de un elepé injustamente olvidado que merece ser redescubierto y reevaluado más de sesenta años después de su grabación.


Tuesday, October 11, 2016

Luis Russell y el swing

Aunque su fama fue breve, su influencia fue notable, pero hoy, varias décadas después de su muerte, víctima del cáncer en 1963, Luis Russell es un músico bastante oscuro en la historia del jazz, de ésos que merecen mucho más reconocimiento del que han recibido. Panameño de nacimiento—las enciclopedias del jazz nos informan de que vino al mundo en 1902—, Russell se inició en la música a muy temprana edad, y a instancias de su padre, que era precisamente profesor de música, aprendió a tocar la guitarra, el violín y el piano. Sus primeros años los pasó en su tierra natal, tocando donde podía y acompañando al piano películas mudas. Pero su historia se vuelve un tanto pintoresca hacia 1919, cuando gana tres mil dólares de los de entonces jugando a la lotería y decide emplearlos en mudarse a los Estados Unidos, concretamente a Nueva Orleáns, donde pronto entrará en contacto con la vibrante escena musical de la ciudad en aquellos momentos. En 1925 se muda a Chicago, y allí se convertirá en el pianista de la reputada orquesta de King Oliver, con quien viajará a Nueva York para establecerse en la Gran Manzana y, poco después, formar su propia banda para tocar en el Nest Club. El momento de mayor apogeo de su carrera llega en 1929, el año del crack en Wall Street, cuando lidera una orquesta que incluye, entre otros, a excelentes músicos como el trombonista J.C. Higginbotham, el trompetista Henry "Red" Allen, el contrabajista Pops Foster o el batería Paul Barbarin.

J.C. Higginbotham, Henry "Red" Allen, Luis Russell y Paul Barbarin en Chicago, 1942

Luis Russell y Louis Armstrong
Los arreglos de Russell destacaban por ser siempre imaginativos y por el aire de modernidad con que les imbuía su artífice, lo cual ha llevado a varios críticos a considerar algunas de sus grabaciones de finales de los 20 y principios de los 30 como precursoras del swing que pronto triunfaría a lo largo y ancho del país. Louis Armstrong, a quien unía una gran amistad con Russell, aseguró en una ocasión que la banda del panameño era "sin duda, uno de los mejores conjuntos de músicos de swing que se pueden encontrar". Y Satchmo, claro, sabía de lo que hablaba, pues durante la década de los 30, cuando su carrera empezaba a tomar impulso, utilizó la orquesta de Russell como grupo de acompañamiento en grabaciones, programas de radio y giras, y a partir de 1935 acabó adueñándose de la banda y contratando a Russell como arreglista y director musical. Como resultado, el pianista dejó de actuar como líder a partir de 1934 y no volvería a ejercer como director hasta mediados de los años 40, aunque ya con un éxito mucho menor. En 1948, Russell abandonó definitivamente el mundo de la música, dedicándose a partir de entonces a otros negocios y abriendo primero una tienda de caramelos y después una de juguetes.

Russell falleció en Nueva York en diciembre de 1963, no sin antes visitar, en 1959, su Panamá natal para ofrecer, al parecer, un concierto de música clásica. Además de como arreglista, Russell destacó también como compositor, y a él debemos temas de la talla de "Back O'Town Blues" (que se incluyó durante años en el repertorio que Louis Armstrong interpretaba en sus conciertos), "Slow as Molasses" o "Sad Lover Blues". Varios de ellos, así como el que usaba como sintonía para su banda, "The Call of the Freaks", están hábilmente teñidos de blues y son, como ya se ha dicho, magníficos ejemplos primerizos de swing. Las grabaciones de Luis Russell se han reeditado en CD, generalmente en ediciones que han corrido a cargo de sellos europeos y que no siempre son fáciles de conseguir. Por ejemplo, la discográfica ASV/Living Era publicó las recopilaciones Saratoga Shout y Luis & Louis (esta segunda documenta las colaboraciones con Satchmo), pero actualmente se encuentran descatalogadas. La mejor opción, si bien un tanto costosa, es el doble compacto The Luis Russell Story (Retrieval), que contiene grabaciones realizadas entre 1929 y 1934, más o menos el mismo período que cubren los dos volúmenes de The Chronological Luis Russell and His Orchestra (Classics Records). Sea cual sea la opción elegida para hacerse con la obra de Russell, el pianista panameño es uno de esos jazzmen pioneros que conviene redescubrir y disfrutar.


Monday, June 30, 2014

Dave Brubeck Quartet - Dave Digs Disney

Columbia, 1957

Hace un par de días fue el primer cumpleaños de nuestra hija, Libby, y mi esposa y yo organizamos una pequeña fiesta para celebrarlo, lo cual, en estos casos, suele ser siempre algo que se hace más para los padres que para el bebé, pues este último prácticamente nada recordará de la efeméride, salvo quizá las fotos que algún día, con el paso de los años, llegará a ver. Pero el disco que sonó durante las varias horas que duró la fiesta, Dave Digs Disney, del Dave Brubeck Quartet, me ofrece la oportunidad de enviar una nueva postal en la que exploraremos una unión inusitada—en esta ocasión el jazz casi académico de Dave Brubeck y las melodías juguetonas de las películas de Walt Disney—que acaba por funcionar a la perfección. ¿Jazz y Disney? No es esto ya algo extraño en los tiempos que corren, pero era una verdadera rareza, casi un sacrilegio dentro del mundo del jazz, allá por 1957 cuando a Brubeck se le ocurrió la idea, al parecer en el transcurso de un viaje a Disneylandia con sus hijos. O al menos eso es lo que dice George Avakian en las notas originales del disco, y no hay razón para dudar de sus palabras, ya que Avakian actuó precisamente como productor del álbum, que ha sido uno de los de mayor éxito de la prolífica carrera de Brubeck y su cuarteto.

Brubeck y su cuarteto en el estudio
Brubeck era, sin duda, el músico perfecto para realizar este tipo de proyecto, ya no sólo por el particular sentido del humor que compartían él y el gran saxofonista Paul Desmond, sino porque la mayor parte de los temas incluidos en el elepé figuraban desde hacía un tiempo en el repertorio del cuarteto. Así pues, no quedaba más que meterse en el estudio a grabarlos, algo que ocurrió en tres sesiones repartidas entre Nueva York y Los Ángeles durante el verano de 1957. La formación de la banda es la clásica, con Brubeck al piano, Desmond al saxo alto, Norman Bates al contrabajo y Joe Morello a la batería, y como suele suceder, la compenetración entre piano y saxo no presenta aquí fisuras de ningún tipo. Los temas elegidos proceden todos de las bandas sonoras de cuatro de las más clásicas películas que por aquel entonces había producido la factoría Disney (Alicia en el País de las Maravillas, Pinocho, Blancanieves y Cenicienta), todas ellas a cargo de algunos de los mejores compositores hollywoodienses, como Sammy Fain, Ned Washington o Mack David. La canción que abre el disco, "Alice in Wonderland", es una elección idónea, pues con su suave melodía introducida en solitario por Brubeck al piano, nos anuncia ya que éste es un disco diferente, a lo largo del cual los cuatro músicos participantes van a guiarnos, si es que nos dejamos llevar, por ese País de las Maravillas al que el título hace referencia. "Give a Little Whistle" (cantada en la versión original del filme Pinocho por el siempre interesante Cliff Edwards y traducida al español como "Dame un silbidito") es una melodía divertida que facilita la interacción entre Brubeck y Desmond. Algo similar ocurre con "Heigh-Ho", la canción que los Siete Enanitos entonan camino al trabajo en Blancanieves: se trata de melodías simples e incluso pegadizas que pianista y saxofonista se ocupan de modificar a través de improvisaciones lúdicas que nos hacen olvidar pronto que nos encontramos ante un tema compuesto para el público infantil. Así de profundo y efectivo es el tamiz jazzístico del cuarteto de Brubeck.

Paul Desmond y Dave Brubeck
La recreación de la excelente balada de Ned Washington y Leigh Harline "When You Wish Upon a Star" (de Pinocho) representa uno de los momentos cumbre del álbum, con unos solos de Brubeck y Desmond tan líricos como sorprendentemente cargados de matices casi blueseros. En "Some Day My Prince Will Come", una de las más memorables piezas de la banda sonora de Blancanieves, Brubeck y el cuarteto se divierten atacando el tema a ritmo de vals para ir cambiando ritmos e incluso tempos a lo largo de los más de ocho minutos que dura el corte. Miles Davis no tardaría en incorporar este tema a su repertorio—y Louis Armstrong, entre otros, grabaría con éxito "When You Wish Upon a Star"—, pero no conviene olvidar que fue Brubeck quien lo hizo primero y de un modo muy inteligente. También de Blancanieves procede la composición que cierra el álbum, "One Song", introducida por el saxo alto de Desmond, que no duda en alejarse de la melodía prácticamente desde el principio, convirtiendo la pieza en un agradable vehículo improvisatorio en el que él lleva la voz cantante. El disco fue reeditado en CD en 1994 con dos grabaciones extra, "Very Good Advice" y "So This Is Love" (de Alicia y Cenicienta, respectivamente), registradas en las mismas sesiones pero que no llegaron a formar parte del elepé original. Además, Columbia confeccionó una segunda reedición dentro de la serie Legacy en 2011, esta vez en forma de un doble CD que incluye las versiones en mono y estéreo del álbum junto con varias tomas alternativas de enorme interés para comprender mejor el proceso de creación de un proyecto que, en un principio, a Avakian le pareció, como rememora en esta breve entrevista, una verdadera locura. A mi juicio, el paso de los años ha demostrado que no lo era en absoluto, y hoy Dave Digs Disney se distingue por ser un disco innovador y muy recomendable que—¿quién sabe?—quizá incluso ayude a que los más pequeños, como mi hija Libby, descubran y aprendan a disfrutar del buen jazz.

Single británico editado por Fontana y extraído de Dave Digs Disney