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Tuesday, July 29, 2014

Coleman Hawkins - The Hawk Flies High

Riverside, 1957

Hace escasos días, Dan Nappo, buen amigo y compañero de la University of Tennessee at Martin, me trajo de un viaje a California un ejemplar de un disco de Coleman Hawkins que no figuraba en mis estantes, una verdadera maravilla titulada The Hawk Flies High. Y no sé por qué nunca había adquirido yo este elepé, pues es uno de los de mayor interés entre los varios que Hawkins grabó en los años cincuenta y sesenta, la parte final de su dilatada carrera discográfica, pero en todo caso, agradezco enormemente a Dan el haber subsanado esta inexplicable falla en mi colección jazzística. Coleman Hawkins—apodado, como el propio título de este disco indica, The Hawk o Bean—es mucho más que uno de los músicos más legendarios de la historia del jazz. Es, más bien, una figura ubicua en el universo de esta música y su nombre permanecerá para siempre ligado al saxo tenor, instrumento que ayudó a popularizar en las grandes orquestas de los años veinte y treinta, y a cuya revitalización e innovación contribuyó dentro del contexto del jazz moderno a partir de los años cuarenta. Hawkins era un hombre imponente tanto física como musicalmente cuando se subía al escenario, y era reverenciado y temido por igual, ya que la naturaleza competitiva que lo caracterizaba lo llevaba a no amilanarse jamás cuando se trataba de dejar en evidencia a cualquier otro saxofonista tenor que se atreviese a desafiarlo durante una jam session.

The Hawk con un joven Miles Davis
Si bien su aprendizaje musical tuvo lugar en la famosa orquesta de Fletcher Henderson, de la que no tardó en convertirse en estrella absoluta, el estilo personal, fácilmente maleable y cargado de swing de Hawkins le aseguró un lugar en la génesis de esa revolución que fue el bebop, y así fue de los primeros en grabar con algunos de los gurús del nuevo estilo, como por ejemplo Thelonious Monk, Dizzy Gillespie, Miles Davis o Don Byas, a mediados de la década de los cuarenta. Y aunque, llegados los cincuenta, su producción discográfica había disminuido ostensiblemente, el álbum que nos ocupa representó una suerte de regreso para el Halcón, que seguiría registrando magníficos discos—algunos de ellos asimilando incluso los ritmos más innovadores del momento, como la bossa nova—prácticamente hasta su muerte en 1969. Producido por el renombrado Orrin Keepnews y grabado en dos sesiones celebradas el 12 y el 15 de marzo de 1957 en Nueva York, The Hawk Flies High es el único trabajo de Hawkins como líder para el sello Riverside y constituye una buena muestra del carácter abierto e integrador de su música. Al parecer, Keepnews le ofreció la oportunidad de elegir a los músicos que lo acompañarían en este proyecto, y Hawkins decidió que deseaba que fuesen, en su mayor parte, hombres jóvenes con ideas frescas enraizadas en el bebop. De ahí que la banda incluya a J.J. Johnson al trombón, el a veces infravalorado Idrees Sulieman a la trompeta y una sección rítmica estelar compuesta por Hank Jones al piano, Barry Galbraith a la guitarra, Oscar Pettiford al contrabajo y Jo Jones a la batería.

El trompetista Idrees Sulieman
Y con una banda de este calibre sería ilógico no ofrecer amplio espacio a cada instrumentista para demostrar su talento, así que, por supuesto, todos los componentes del grupo, disfrutan de ocasiones para desarrollar sus ideas musicales en interesantes solos, pero ya desde el corte inicial, "Chant", un original de Hank Jones, parece indudable que el verdadero protagonista del disco será el saxo tenor de Hawkins. Esto es todavía más evidente en la maratoniana "Juicy Fruit", una pieza de más de once minutos escrita por Sulieman basándose en estructuras de blues, que da la oportunidad al Halcón de dejar bien claro que él es el líder de la sesión y que se encuentra plenamente a gusto en compañía de este conjunto de modernistas. Las aportaciones de Johnson al trombón, Sulieman a la trompeta y Jones al piano enriquecen un tema que se halla entre los fundamentales del disco. La pieza que cierra la primera cara del elepé, "Think Deep", ralentiza considerablemente el tempo, como si su cometido fuese prepararnos para lo que nos espera una vez le demos la vuelta al disco: una excelente versión de "Laura", la balada que David Raksin compuso para la película homónima dirigida por Otto Preminger y para la que Johnny Mercer escribiría una de sus letras más evocadoras. Hawkins prueba aquí que a finales de los años cincuenta se encontraba todavía entre los mejores baladistas al saxo tenor, y extrae toda la profundidad emotiva de la melodía de Raksin, apoyándose en una sección rítmica de enorme elegancia y ayudado por un igualmente maravilloso solo de trombón a cargo de Johnson.

El trombonista J.J. Johnson
La oportunidad de escuchar breves solos de guitarra y contrabajo de Galbraith y Pettiford respectivamente llega en "Blue Lights", composición de Gigi Gryce que se erige en vehículo perfecto para el lucimento de todos los participantes y en la que Hawkins aparece como un músico más, esperando su turno pacientemente casi hasta el final del tema. El disco se cierra con "Sancticity", la única aportación original del propio Hawkins al repertorio de estas sesiones, una pieza en la que algunos críticos han subrayado, y con toda la razón, la influencia de Count Basie. El álbum fue reeditado en CD en 1987 por Original Jazz Classics (ésta es precisamente la versión que me regaló mi amigo Dan), y en 2008 salió a la luz una nueva reedición dentro de la serie de la Keepnews Collection, con sonido mejorado y notas más completas, pero sin cortes extra, ya que, por lo que parece, las dos sesiones dieron como fruto únicamente seis grabaciones. Pero se trata de un fruto delicioso, un disco imprescindible que supuso el regreso de un Hawkins que en realidad jamás se habia ido, pues su presencia ha sido y será siempre ineludible dentro del mundo del jazz, pues al hablar del Halcón hablamos por derecho propio, y con absoluta propiedad, de un gigante del saxo tenor.


Saturday, October 26, 2013

Lester Young & Teddy Wilson - Pres and Teddy

Verve, 1956

Hay una serie de músicos que están tan íntimamente ligados al instrumento al que dedicaron sus vidas que, sin ellos, la historia del jazz habría sido totalmente diferente, y si no hubiesen existido, sin duda habría sido necesario inventarlos. Dos de ellos, el saxofonista tenor Lester Young y el pianista Teddy Wilson, son los protagonistas del disco del que hablamos hoy. Titulado simplemente Pres and Teddy, (Pres, diminutivo de President, por supuesto, es el apodo de Young, y cuando hablamos de la aristocracia jazzística, al contrario que en el caso de la verdadera aristocracia, los apellidos pueden obviarse sin mayores problemas) este álbum es una auténtica maravilla sónica que disfrutará no solamente el buen aficionado al jazz, sino todo aquél (o aquélla, que en esto del jazz no existe diferencia de género) que disponga de un mínimo de sensibilidad auditiva.

Lester y Teddy habían coincidido ya en varias ocasiones a lo largo de sus dilatadas carreras, especialmente en muchos de los discos que Billie Holiday grabó para Columbia en los años 30 y 40, en los cuales, más que acompañar a Lady Day, intercambiaban solos, y la voz de Holiday, lejos de llevarse todo el protagonismo, aparecía como un solo más, como un miembro de igual rango que los demás de la banda. El disco que tenemos hoy en nuestras manos y en el lector de CD, salido de una única sesión grabada en Nueva York en enero de 1956, pertenece a una etapa avanzada de la producción discográfica de Young, que fallecería aproximadamente tres años después que este álbum viese la luz. Pero poco importa, pues Pres está en excelente forma, y desde los primeros compases de "All of Me" hasta las últimas notas de "Our Love Is Here to Stay", está claro que se encuentra muy a gusto en compañía de Wilson en un formato de cuarteto que completan Gene Ramey al contrabajo y el gran Jo Jones a la batería.

Teddy y Pres con el batería Jo Jones
Desde luego, los cuatro músicos se compenetran a la perfección, con Lester y Teddy protagonizando largos solos que les dan la oportunidad de explorar las posibilidades improvisatorias de seis magníficos standards salidos del genio de compositores indispensables como Richard Whiting, Walter Donaldson y Gus Kahn, Vernon Duke o los hermanos Gershwin. Si bien disfruta de poco espacio para ello, de vez en cuando Jo Jones nos regala algún solo sencillo pero inteligente, como en "Louise", donde brevemente brillan sus escobillas, o en "Love Me or Leave Me", donde lo propio ocurre con sus baquetas, lo cual nos hace desear que le hubiesen asignado solos un poco más extensos a lo largo del disco. Pero el saxo y el piano son las estrellas en este álbum producido por Norman Granz, y son Young y Wilson quienes llevan el peso de la sesión casi a partes iguales, con contribuciones imaginativas caracterizadas por una gran precisión y una innegable elegancia.

La ya mencionada "All of Me", que abre el disco a un ritmo considerable, es uno de los momentos más destacables del mismo y nos deja claro desde el principio que el cuarteto está a la altura de lo que el oyente espera. Pero las baladas "Our Love Is Here to Stay" y "Prisoner of Love" son, sin lugar a dudas, los puntos álgidos de la sesión, en especial la segunda, un clásico compuesto por el malogrado crooner Russ Columbo en 1931, que Lester y Teddy interpretan con una delicadeza y un lirismo inigualables. La reedición de Polygram en CD, bastante fácil de conseguir, data de 1986 (¿tantos años han pasado ya?) e incluye un tema extra original de Young titulado "Pres Returns", además de las notas originales del LP escritas por Bill Simon. Existe, asimismo, una muy reciente reedición a cargo del sello Phoenix Records que presenta doce piezas no incluidas en el compacto de Polygram. Sea cual sea la versión que cada cual pueda encontrar, ésta es una de las mejores sesiones de ambos líderes, llena de momentos memorables, por lo que se trata de un álbum que no puede faltar en la discoteca de ningún aficionado al jazz que se precie.

El contrabajista Gene Ramey completa este excelente cuarteto