Wednesday, August 8, 2018

Nancy Wilson - Yesterday's Love Songs, Today's Blues

Capitol, 1963

Resulta difícil escoger solamente un disco entre los muchos que la vocalista Nancy Wilson grabó para el sello Capitol, especialmente durante la década de los 60, pues álbumes como Something Wonderful son, como ya indica el título, una verdadera maravilla, por no hablar de sus colaboraciones con Hank Jones, Cannonball Adderley (éste es el que suele preferir la crítica) o George Shearing, que ponen el listón muy alto. Sin duda, uno de los más olvidados es Yesterday's Love Songs, Today's Blues, un magnífico trabajo junto al arreglista Gerald Wilson registrado en octubre de 1963, cuyo concepto básico es la confluencia de baladas de amor clásicas del Songbook americano y canciones algo más actuales teñidas de blues. Entre las primeras encontramos standards como "The Song Is You", "The Very Thought of You" o "Someone to Watch over Me"; entre las segundas se cuentan "Sufferin' with the Blues", "The Best Is Yet to Come" o "Send Me Yesterday".


A lo largo de todo el disco, la cantante de Chillicothe (Ohio) parece sentirse muy a gusto en ambos contextos, y los originales y a veces complejos arreglos de Gerald Wilson están construidos a su medida, siempre con el denominador común del swing, elemento del que se hace uso también en las canciones de amor, que en un principio deberían ser más lentas que los blues. Queda aquí patente la influencia de otras cantantes contemporáneas como Dinah Washington o Carmen MacRae sobre Wilson, que suena muy sugerente en "Satin Doll" (con la ayuda de un saxo tenor tocado por nada más y nada menos que Harold Land) y que resucita piezas a veces infravaloradas pero de indudable calidad, como el "All My Tomorrows" de Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, generalmente asociado con Frank Sinatra, o "Never Let Me Go", tema interpretado también magistralmente por Nat King Cole. Por momentos brillan en el álbum las trompetas de reputados músicos de sesión como Carmell Jones o Al Porcino, y Wilson se adentra incluso en el terreno del soul con una versión sorprendente del clásico de Percy Mayfield "Please Send Me Someone to Love" que unos seis años antes había grabado el gran pianista Red Garland en uno de sus mejores discos.


El arreglista Gerald Wilson.


El trompetista Carmell Jones.
La reedición en CD de 1991, que es la que manejo, añade cinco temas extra que siguen más o menos la misma línea que los 12 del elepé y que también fueron arreglados por Gerald Wilson. Además de una versión de la navideña "What Are You Doing New Year's Eve" grabada en octubre de 1963, los otros cuatro cortes provienen de una sesión registrada en marzo del mismo año con el organista Wild Bill Davis y el guitarrista Joe Pass. Arropada por Davis, en esta sesión Wilson camina con decisión por un territorio bluesero, en especial en su excelente interpretación vocal del "West Coast Blues" de Wes Montgomery, y las cuatro canciones (una de ellas, "My Sweet Thing", de la autoría de la propia Nancy junto con Gerald Wilson y Teddy Edwards) no desmerecen del resto de las incluidas en el vinilo original. En su Biographical Guide, el crítico Will Friedwald—que firma, por cierto, las notas de la reedición de este disco en CD—ha escrito que en la mayor parte de los álbumes que editó con Capitol en la década de los 60, Nancy Wilson "va pasando de lo bueno a lo excelente", y que al menos media docena de ellos deben considerarse clásicos del jazz vocal. Suscribo sin reservas esta opinión de Friedwald, y no me cabe la menor duda de que este Yesterday's Love Songs... debe figurar entre esa media docena (¿no serán más, en realidad?) de discos imprescindibles de Wilson, una cantante que, entre otras cosas, se distingue por haber realizado colaboraciones con músicos de gran calibre en las que ha obtenido notables resultados artísticos.



Thursday, July 19, 2018

Woody Shaw - Tokyo '81

Tras una reciente mudanza a Jackson (Tennessee), regresa Postales de Jazz con esta reseña de un disco en directo del trompetista Woody Shaw publicado hace muy poco por el sello europeo Elemental Music. Agradezco a mi amigo Guy Jones el haberme anunciado la edición de este excelente álbum.

Elemental Music, 2018

Como su título, Tokyo '81, ya indica, este nuevo disco editado a la vez en CD y en vinilo por Elemental Music presenta un concierto grabado en la capital japonesa en 1981 en el que Woody Shaw aparece al frente de un quinteto de lujo junto a Steve Turre al trombón y a la percusión, Mulgrew Miller al piano, Stafford James al contrabajo y Tony Reedus a la batería. Shaw toca tanto la trompeta como el fliscorno, y el repertorio, en el que se dan cita cuatro composiciones del trompetista, una de Miller y el estándar "'Round Midnight" de Thelonious Monk, es tan atractivo como accesible pese a la complejidad y profundidad de algunas de las piezas.

Woody Shaw
El quinteto abre el concierto con una extensa versión del "Rosewood" de Shaw que supera los diez minutos y que va a marcar la pauta de lo que encontraremos en el disco: jazz al más puro estilo de Shaw con amplias oportunidades para que brille con luz propia no sólo el líder, sino también cada uno de los músicos participantes. Si con este primer corte intuimos que nos hallamos ante algo muy especial, dicha intuición se confirma con la maratoniana versión de "'Round Midnight", una verdadera joya de más de quince minutos que muestra la capacidad de invención de la banda, así como la impresionante riqueza de una composición de Monk ya tan interpretada que es muy difícil sacarle nuevas aristas como lo hacen aquí Shaw y los suyos. En manos de estos músicos, la pieza destila momentos suaves e intimistas que se conjugan con otros más acelerados y enérgicos, y los solos de Shaw, Miller y Turre son ejemplos perfectos de las inagotables ideas musicales del quinteto. En "Apex" se incrementa considerablemente el tempo, y esta composición de Mulgrew Miller, cuyo piano adquiere una enorme prominencia, inspira a Turre y, sobre todo, a Shaw para ir tejiendo solos desenfrenados y de intensa imaginación.

El pianista Mulgrew Miller
"From Moment to Moment" es una excelente balada de un Shaw a la vez melancólico y apasionado, bien arropado por la sección rítmica y con un memorable aunque breve solo en el que Turre explora los registros más graves del trombón. Sin duda, la más experimental—y también la más larga—de las piezas es "Song of Songs", compuesta por Shaw y con una introducción que contiene un diálogo disonante entre el piano y la trompeta que está envuelto en el sonido de los platillos de la batería de Reedus. Esta extensa revisión del tema que da título a un disco de Shaw de 1972 supera los dieciséis minutos y se revela como una de las interpretaciones más frescas del disco, en la que Shaw exprime al máximo las posibilidades expresivas de la melodía. Para terminar, el breve "Theme for Maxine" sirve como coda que permite al líder presentar a los miembros de la banda y poner punto y final a un concierto que no tiene desperdicio. Hay que agradecer efusivamente la recuperación de esta grabación inédita de Shaw—que en su versión en CD incluye "Sweet Love of Mine", un corte extra con una banda distinta registrado en La Haya en 1985—al sello europeo Elemental Music, que se autodefine como "un nuevo sello que se especializa en editar grabaciones de jazz de archivo descubiertas recientemente o que están descatalogadas". Esperemos que esta compañía continúe publicando con regularidad grabaciones de la calidad y del interés de este concierto de principios de los 80 de Shaw.

El trombonista Steve Turre

Monday, May 14, 2018

El jazz de Fred Elizalde

Lo he dicho en más de una ocasión: en España se tiende a considerar, a menudo erróneamente, que los movimientos artísticos y culturales llegan siempre con retraso. Si bien en algunas ocasiones esto es cierto, en muchas otras no lo es. Tal es el caso del jazz, que arribó a territorio español, en particular a las ciudades de Madrid y Barcelona, prácticamente al mismo tiempo que a otras capitales europeas como París o Londres, hacia finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Es más, incluso en aquellos ya lejanos primeros años del jazz, España llegó a exportar talento jazzístico, por mucho que esto se ignore hoy en día. Y como ejemplo tenemos al gran—aunque en la actualidad notablemente olvidado—pianista, compositor y director de orquesta Fred Elizalde. Nacido en Manila en 1907, su verdadero nombre era Federico y sus padres eran españoles afincados en las Islas Filipinas. Desde muy tierna edad, Elizalde demostró aptitudes para la música, algo en lo cual su familia lo apoyó enviándolo al Real Conservatorio de Madrid. Pero ya desde muy joven quedó claro que iba a convertirse en un verdadero trotamundos, estudiando en Inglaterra y en los Estados Unidos, donde se enamoró del jazz y formó su primera orquesta tras estudiar nada más y nada menos que con el compositor suizo Ernest Bloch en la Universidad de Stanford.

El saxofonista Adrian Rollini
Con esta banda obtuvo sus primeros éxitos en el Biltmore Hotel de Los Ángeles, pero pronto regresaría a Europa para estudiar derecho en Cambridge. Sin embargo, su principal interés seguía siendo la música, y no tardó en concentrarse en su faceta como jazzman, dirigiendo varias orquestas en cuyas filas se daban cita algunos de los mejores músicos ingleses y estadounidenses del momento (el legendario saxofonista Adrian Rollini era uno de ellos), tocando en el Savoy Hotel londinense y llegando a realizar una serie de grabaciones muy populares para sellos como Brunswick o Columbia. Su paso por el Savoy, donde se presentó con una de las mejores bandas que se prodigaron en el famoso hotel, estuvo envuelta en cierta polémica, pues algunos de los clientes más conservadores no apreciaron el estilo moderno de los arreglos de Elizalde, lo cual lo llevaría a rescindir el contrato. Pero revistas musicales de prestigio como el Melody Maker alabaron el sonido de la orquesta, y por fortuna, quedan los registros fonográficos como prueba de su calidad musical.



El vocalista y guitarrista Al Bowlly
Tras algunos cambios en sus filas y alguna que otra gira por las Islas Británicas, la banda acabaría por disolverse en 1929, y a partir de entonces, Elizalde decidió consagrarse a la música clásica como compositor y director de orquesta, aunque también escribió música para algunas películas. Pasó gran parte de los años 30 entre Francia y España, donde mantuvo estrechas relaciones profesionales con nombres de la talla de Maurice Ravel, Manuel de Falla, Rafael Alberti y Federico García Lorca, a quien le unió una estrecha amistad. Curiosamente, durante la Guerra Civil Española, Elizalde se alistó en el bando nacional—probablemente otra de las razones de que hoy en día se encuentre tan injustamente olvidado—, pero no debía de ser muy afín a la ideología franquista, ya que poco después de concluido el conflicto abandonó España para ya no regresar más. A finales de la década de los 40, Elizalde volvió a las Islas Filipinas, donde continuó ligado a la música clásica creando una nada despreciable cantidad de obras, trabajando como director y llegando a participar en programas televisivos. En estos últimos años de su vida, Elizalde visitó Europa e incluso Japón antes de su fallecimiento en 1979.

El saxofonista Arthur Rollini, hermano de Adrian


Elizalde murió en un relativo anonimato: su nombre había sido olvidado por muchos, y muy pocos recordaban, por supuesto, sus grabaciones jazzísticas de finales de los años 20. Afortunadamente, una veintena de ellas—todas realizadas entre 1928 y 1929—están disponibles en un disco compacto titulado Fred Elizalde and His Anglo-American Band (Retrieval Records, 1997), que supone la mejor introducción al breve periplo de Elizalde por el jazz. El nombre de la orquesta, evidentemente, hace referencia al hecho de que se componía de una mezcla de músicos ingleses y estadounidenses, todos ellos de una extraordinaria calidad, como los trompetistas Chelsea Quealey y Norman Payne, el ya mencionado Adrian Rollini y su hermano, el saxofonista Arthur Rollini, que escribió lo siguiente sobre Elizalde en su autobiografía: "[Elizalde] tenía sólo veintitrés años, se había graduado en Cambridge y tocaba el piano de forma fantástica y era un arreglista brillante. La orquesta era verdaderamente excelente y se parecía a la gran orquesta de Paul Whiteman en los Estados Unidos". Los arreglos de Elizalde, efectivamente, suenan modernos y demuestran que el músico hispano-filipino comprendía a la perfección el lenguaje del jazz de la época. En algunos de los temas hace una de sus primeras apariciones fonográficas el gran cantante y guitarrista Al Bowlly, que se convertiría en una de las más grandes estrellas de las orquestas de baile británicas antes de su prematura muerte en 1941 en Londres durante un bombardeo alemán. En definitiva, pese a lo reducido de su legado discográfico jazzístico, Fred Elizalde es una figura que todo aficionado del buen jazz añejo debe conocer, y con esta breve semblanza espero contribuir modestamente, en lo posible, a rescatarlo de la oscuridad en la que se encuentra sumido en la actualidad.


Friday, March 30, 2018

Louis Armstrong Meets Oscar Peterson

Verve, 1957

Aunque su carrera discográfica se remonta a los años veinte, cuando realizó las legendarias series de grabaciones en grupos reducidos que hoy se conocen como Hot Fives y Hot Sevens, Louis Armstrong registró tantos y tan buenos discos en la década de los cincuenta que su colaboración con el pianista Oscar Peterson ha quedado un tanto olvidada, y de manera injusta. Los críticos suelen centrarse en obras maestras como los discos a dúo con Ella Fitzgerald, el excelente tributo al compositor W.C. Handy o el magnífico Louis Under the Stars, y pasan de puntillas por este encuentro en el estudio con el pianista canadiense, que se grabó en dos sesiones diferentes en julio y octubre de 1957. Y es una pena, porque la compenetración entre ambos es máxima, y Satchmo se encuentra muy a gusto desgranando una serie de standards muy bien elegidos para la ocasión. Resulta evidente que el trompetista explora con mayor insistencia sus capacidades vocales y en cierto modo la trompeta pasa a un segundo plano, lo que quizá haya contribuido a este sorprendente olvido por parte de la crítica, pero pese a todo, el resultado de la reunión musical entre Armstrong y Peterson es más que satisfactorio y merece escucharse con detenimiento y disfrutarse como la ocasión lo merece.

El pianista Oscar Peterson

La formación que acompaña a Satchmo en estas sesiones es, en esencia, el trío de Peterson (Herb Ellis a la guitarra y Ray Brown al contrabajo) con el añadido rítmico del excelente batería Louis Bellson. Ya desde el principio, en "That Old Feeling", queda claro que habrá una preferencia por los tiempos medios, marcados por el swing pero no demasiado acelerados, tal como es el caso también en "I Was Doing All Right", "Just One of Those Things" y "Sweet Lorraine". Armstrong se nos aparece, además, como el verdadero líder en esta ocasión, cantando con una extraordinaria relajación, urdiendo solos que no son siempre tan breves como algunos han querido ver (fíjense en "Let's Do It" o "Moon Song") y demostrando en todo momento que se halla muy a gusto en este contexto musical. La versión teñida de blues del famoso "Blues in the Night" es uno de los puntos álgidos del disco, que contiene también baladas muy notables, como "How Long Has This Been Going On?" o "What's New?". Armstrong interpreta "There's No You" únicamente con el acompañamiento de la guitarra de Ellis, y el sublime resultado hace que uno se pregunte por qué Satchmo no grabaría un álbum completo al alimón con Ellis, pues habría sido una verdadera maravilla. "You Go to My Head", uno de los cortes más intimistas y suavemente melancólicos del elepé, es memorable porque Armstrong comienza con una delicada introducción a la trompeta antes de pasar a la parte vocal, algo que tal vez habría sido deseable en otros momentos del álbum. Por fortuna, la reedición en CD de 1997 incorpora cuatro temas que se quedaron fuera del disco original pero que resultan igualmente deliciosos. El productor Norman Granz se equivocaba en pocas ocasiones, y aquí acertó de pleno, facilitando la creación de un elepé injustamente olvidado que merece ser redescubierto y reevaluado más de sesenta años después de su grabación.


Wednesday, March 28, 2018

Frank Sinatra en 1957: Where Are You y Come Fly with Me

Frank Sinatra y Billy May en el estudio
Después de una ausencia de varios meses, Postales de Jazz regresa con una postal en la que se ofrecen dos podcasts en torno a sendos discos de Frank Sinatra grabados en 1957 que he tenido la oportunidad de realizar en colaboración con mi amigo aragonés Marcos Callau, director de este interesantísimo blog en español sobre Sinatra.

Durante los años en los que grabó para el sello Capitol, Frank Sinatra dio con la fórmula generadora de lo que se daría en llamar el álbum conceptual, a saber, una colección de canciones en principio no compuestas específicamente para el disco pero que, puestas una detrás de otra con sumo cuidado, crean una atmósfera determinada de una manera premeditada. Es más, durante la década de los 50 y principios de los 60, Sinatra produjo fundamentalmente dos tipos de álbumes conceptuales para Capitol: por un lado, discos introspectivos de baladas lentas, melancólicas e intimistas, como No One Cares u Only the Lonely; por otro lado, discos que ponían el acento en el swing, a tiempo medio o acelerado, como Songs for Swinging Lovers o A Swingin' Affair. En 1957, precisamente, La Voz se rodeó de dos arreglistas muy diferentes, Gordon Jenkins para las baladas más suaves y Billy May para el swing más desatado, y creó dos obras maestras, una de cada tipo: Where Are You y Come Fly with Me.


Para el primero de estos discos, Gordon Jenkins urdió una serie de maravillosos arreglos de cuerda de sabor otoñal que hacen hincapié en la melancolía de grandes temas como "Maybe You'll Be There", "Lonely Town" o "I Cover the Waterfront". La paleta de sonidos y emociones va desde la desesperación eminentemente autobiográfica por las dificultades amorosas ("I'm a Fool to Want You") hasta el recuerdo de un amor casi fantasmal y numinoso ("Laura"), pasando por el reflejo de la tristeza en el paisaje de otoño contemplado desde el alféizar de una ventana ("Autumn Leaves"). El resultado es un disco un tanto olvidado en el canon sinatrero, a todas luces injustamente si lo escuchamos con detenimiento.


El segundo de los elepés es un viaje en clave de swing por los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo: Nueva York, Londres, París, Hawaii, Brasil e incluso esa Birmania descrita por el poeta británico Rudyard Kipling en "On the Road to Mandalay". En este caso el tema que da título al disco fue creado especialmente para Sinatra por el dúo compositor formado por Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, y los arreglos de May, divertidos y desenfadados la mayor parte de las veces, como suele ser siempre el trabajo de este arreglista, le van como anillo al dedo a un Sinatra que se recorre el mundo de partitura en partitura con una maleta en la mano. Como no podía ser de otro modo, Come Fly with Me se convirtió en uno de los discos más populares de la discografía del de Hoboken, iniciando una serie de magníficos álbumes de título semejante, como Come Dance with Me o Come Swing with Me.


Recientemente, mi amigo Marcos Callau y yo grabamos un podcast en el que repasamos corte a corte esta colaboración entre Sinatra y May. Nos divertimos tanto charlando sobre el disco que hemos decidido iniciar una serie de podcasts en torno a la música y a la figura de Sinatra, que se titula Encuentros con Sinatra. En el primer episodio de la serie, desgranamos precisamente el elepé Where Are You. Ambos programas pueden escucharse íntegros aquí abajo, junto con las indispensables guías de escucha que Marcos ha publicado sobre cada disco en su blog. Espero que ambos podcasts interesen a los lectores de estas Postales de Jazz y que sirvan modestamente para descubrir o redescubrir estas obras maestras de la música del siglo XX.



Podcast sobre Come Fly with Me. La guía de escucha está disponible aquí.



Podcast sobre Where Are You (Encuentros con Sinatra # 1). La guía de escucha está disponible aquí.





Monday, May 8, 2017

Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook

Verve, 1956

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Ella Fitzgerald, que vino al mundo en Newport News (Virginia) en 1917, y el sello Verve celebra la efeméride con un CD cuádruple apropiadamente titulado 100 Songs for a Centennial, que es recomendable para quienes no tengan nada de la Fitzgerald en su colección y deseen adentrarse en su universo musical, siempre rico y muy valioso. Así pues, en estos momentos se está hablando bastante de Ella, y rara es la ocasión en la que críticos y periodistas no la comparan con su contemporánea Billie Holiday, cosa que no haremos aquí por parecernos que supondría comparar a dos cantantes de importancia histórica muy semejante pero de signo muy opuesto. Por lo que respecta a Fitzgerald, que es quien nos interesa en este instante, nos encontramos ante una vocalista dotada de una voz y una técnica prodigiosas, que bien podría haber interpretado ópera si así lo hubiese querido pero que, para el regocijo de todos los aficionados al jazz, prefirió dedicarse a cantar nuestra música. Claro que hizo incursiones en otros terrenos, como el pop, el blues, la música brasileña, el gospel e incluso el rock (esto último en pocas ocasiones, por fortuna), pero siempre que se ponía ante un micrófono, ya fuese al frente de una big band, una orquesta de cuerdas o un trío de jazz, le imprimía a todo lo que interpretaba un sello jazzístico muy personal.

Cole Porter

Podríamos hablar de manera infinita sobre una carrera que inició en los años 30 como vocalista de la orquesta de Chick Webb, cuyas riendas tomó tras la prematura muerte del gran batería. Podríamos también comentar sus clásicas grabaciones para Decca, su colaboración en clave intimista con el pianista Ellis Larkins o sus excelentes discos de la etapa más madura de su singladura musical, en los 70 y 80, junto a grandes como Oscar Peterson o Joe Pass. Pero preferimos centrarnos en un proyecto que grabó en 1956 para Verve, bajo la dirección de Norman Granz, que supuso para mí, ya hace muchos años, la primera toma de contacto con su vasto legado discográfico. Nos referimos a Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook, el primero de los álbumes que, en las décadas de los 50 y 60, dedicó íntegramente a algunos de los mejores compositores del pop clásico estadounidense. Fitzgerald no fue la primera en grabar un songbook; ese mérito le corresponde a la hoy tristemente desconocida cantante de jazz Lee Wiley. Pero los álbumes de este tipo que Wiley grabó en los años 30 tuvieron una distribución bastante reducida y no disfrutaron del éxito de la colección de temas de Cole Porter que Fitzgerald registró en 1956, un éxito que la llevaría a continuar la serie, dedicando posteriormente discos a los hermanos Gershwin, Irving Berlin, Johnny Mercer, Duke Ellington o Count Basie, entre otros.

El arreglista Buddy Bregman

Para este primer álbum de la serie, Granz encargó los arreglos al recientemente fallecido Buddy Bregman, un arreglista por entonces bastante joven que a veces es criticado por lo ruidoso de sus arreglos, que potencian a menudo el sonido de los metales. Esto ocurre, por ejemplo, en su colaboración con Bing Crosby, Bing Sings Whilst Bregman Swings (también editada por Verve), pero no demasiado en este songbook dedicado a Porter, que contiene arreglos que rezuman elegancia y mucho gusto. Esto, evidentemente, es algo absolutamente necesario cuando se trata de acompañar a una cantante de la talla de la Fitzgerald, que está en plena forma en este momento de su carrera. De hecho, las partituras de Bregman demuestran una innegable variedad: swing enérgico para los tempos más acelerados y cuerdas suaves pero nunca edulcoradas para las baladas. El repertorio incluye los clásicos de Porter que uno esperaría ("I Get a Kick Out of You", "Just One of Those Things", "I've Got You Under My Skin", "Anything Goes", "Night and Day") y las list songs o canciones basadas en enumeraciones de las que Porter era un maestro ("Let's Do It", "You're the Top"), pero la gran magnitud del proyecto permitió también que Fitzgerald incluyese algunas de las piezas menores del compositor, como "Do I Love You?" o "Ridin' High". La versión de "Miss Otis Regrets" sólo con piano y sin el resto de la orquesta es, a mi juicio, uno de los momentos cumbres del disco.

Si nos fijamos en los componentes de esta orquesta que acompañó a Ella en las diversas sesiones, encontraremos a la flor y nata de los músicos de jazz de la Costa Oesta, como Harry "Sweets" Edison, Pete Candoli, Maynard Ferguson, Herb Geller, Bud Shank, Bob Cooper, Barney Kessel y Alvin Stoller, por citar solamente a unos cuantos. Se trata de un contexto en el que Fitzgerald se sentía muy cómoda, y esto se nota fácilmente al escuchar el disco: su voz ataca cada canción de la manera adecuada, acentuando aquellos momentos que le interesa subrayar e interpretando a la perfección las letras y melodías sofisticadas y originales de Porter. Pese a tratarse de un songbook, éste es un álbum altamente recomendable como introducción al sonido de Fitzgerald. Por cierto, que la relación de Ella con la música de Porter no termina con este proyecto: siempre incluyó varias de sus composiciones en su repertorio para sus directos, y un par de décadas más tarde publicaría un nuevo disco (en Pablo Records, sello también propiedad de Granz) con temas de Porter, Dream Dancing, en el que contó con la colaboración nada menos que de Nelson Riddle. Son, es cierto, dos discos complementarios, pero reconozco que siempre he sentido una especial debilidad por el que ha sido protagonista de la presente postal.


Saturday, March 18, 2017

Videocast de Postales de Jazz No. 4: Algunas adquisiciones navideñas


Con cierto retraso presento ahora este vídeo que grabé hace ya unos dos meses, y en el que repaso algunos discos de jazz que recibí como regalos navideños. Algunos de ellos son novedades, mientras que otros son simplemente títulos que faltaban en mi colección, incluyendo alguna que otra sorpresa desconocida para mí. Los discos comentados en el vídeo son los siguientes:

Jazz Composers Workshop, de Charles Mingus

Oscar Pettiford Sextet, de Oscar Pettiford

Ritmo Caliente / Más Ritmo Caliente, de Cal Tjader

Alive at the Village Gate, de Coleman Hawkins, Roy Eldridge y Johnny Hodges

My Hour of Need, de Dodo Greene

If I Could y More Than a Mood, de Stanley Turrentine

Hank & Frank, de Hank Jones y Frank Wess

Miles Davis at Newport 1953-73, de Miles Davis

Some Other Time, de Bill Evans

In Paris: The ORTF Recordings, de Larry Young

Los tres últimos son novedades de gran interés y altamente recomendables. Espero que disfrutéis el vídeo y que al menos algunas de estas recomendaciones despierten vuestro interés.